miércoles, 30 de julio de 2014

ilusionARTE

Demasiadas veces se ha abusado del jueguecito de palabras, aprovechando "la coincidencia de la desinencia", como no dijo ningún sabio, sino yo mismo, recién llegado del médico con unos análisis sanguíneos de libro, pese a los impropios excesos propios del verano, y un estado de actividad que aprovecho para seguir con mi proyecto.
Puede resultar, de hecho es, engañoso el primer boceto. Hasta el último brochazo o pincelada, según se mire, nada tiene que ser necesariamente lo que parece. 
Una vez superado el empujón inicial, gracias al Cigales, vino clarete, como llamamos al rosado los de mi tierra, y a la poco conocida obra "Fantasies and delusions" de Billy Joel, el carboncillo traza unas líneas...
(Creo que me ha dado un "ataque de artista", justificando  la intrascendencia de un cuadro como si fuera la vacuna contra los males del mundo).

martes, 22 de julio de 2014

proyectARTE

Cuando uno no puede dejar de pensar en sí, de lamerse las heridas, se impone un cambio de rumbo, un golpe de timón. Cerré por vacaciones este blog hace unos días, para respirar y ya lo he hecho, a borbotones, a bocanadas, a pequeños sorbos. El agua se escapa por pequeñas rendijas, sólo es cuestión de tiempo que la piscina se vacíe.
Hoy toca sacar la cabeza. Y no por mí (o no sólo).
Voy a pintar de nuevo, con un objetivo diferente y asumiendo el riesgo, mínimo por otro lado.
A partir de hoy, voy a comenzar un cuadro. 130 x 97 cm. Hace años me dio por pintar, exponer(me) y mi relativa dedicación fue largamente recompensada.
Mi trabajo tendrá un precio mínimo de salida, para cubrir gastos: lienzo, pintura acrílica y agua. Pinceles, trapos, jabón. Yo pago mis cafés, mi chupito, la música de fondo. Lo demás será una puja al uso: el que más chifle, capador. A partir de 100 euros. Regalo mi mano de obra.
Cada día que trabaje, que no será a diario, iré dejando el informe: la música que pongo, lo que bebo, incluso lo que me pasa por la cabeza. Y por supuesto, el estado del cuadro, con una foto. Así no comprarás a ciegas. Puedes pujar, desdecirte, bajar el precio. Echarte atrás el último día. Yo seguiré pintando. Lo peor que puede pasar es que me quede con mi cuadro, (tengo algunos más en casa). Tampoco es tan malo conservar el producto del esfuerzo propio (muchas veces, lo sabemos todos, se lo queda otro).
Cuando termine, en función de quién sea el "afortunado", acabaremos el trato: tú ingresas la mitad de lo acordado (soy un hombre de palabra) en una ONG, asociación benéfica, salvas una ballena, un tigre, aunque prefiero salvar personas indefensas; luego me envías escaneado el documento que acredite haber satisfecho la mitad del importe, y después quedamos para finiquitar el asunto: te entrego tu cuadro y tú la otra mitad a mí. Yo pago el vino.
Ese es el trato.
fb y mi blog serán testigos.
pd.- las ofertas, en mensaje privado, por no dar pistas al enemigo.


domingo, 13 de julio de 2014

C´EST FINI / CERRADO POR VACACIONES



Tantas cosas hay que no entiendo que procuro no sufrir por no entenderlas, aunque rara vez lo consiga. 

Debido a otras ocupaciones, preocupaciones, aún pendientes de orden en esta cabecita mía, suspendo "sine die" la poca actividad de este blog. 

Gracias a mis pocos pero fieles seguidores. Algunos censados (o cansados), otros/otras no.

Pd.- Me encanta el francés, incluso con acento de la meseta, pero no lo hablo. Me encantan las lenguas, aunque una más que ninguna otra.






Lamento la desilusión, si alguien se hubiera ilusionado.



sábado, 12 de julio de 2014

LIBRITOS PARA ADULTOS

Si algo tiene el verano, las vacaciones, es que se dispone de más tiempo para menesteres que uno no puede atender debidamente durante el resto del año: echar la siesta, ver el mar, comer paella, aburrirse en la playa, divorciarse, comprobar que la prensa es igual en cualquier provincia, y leer casi lo que te caiga en las manos. Sobre este último particular acabo de tener una experiencia que voy a comentar, pues me parece digna de tal honor (modestia aparte).
El periódico local ofrece una colección de "novelas" de fin de semana, todas ellas de igual temática, quizá subvencionado por el gobierno para combatir el decrecimiento vegetativo y fomentar la natalidad. Como el precio era ridículo (aún no sospechaba que iba en relación directa con el propio librito), lo compré para llenar los ratos en que la tablet se está cargando. Y en un hueco entre comida y siesta le eché un vistazo. El argumento es como una especie de matrioska: las amigas de la protagonista le regalan un libro erótico para mujeres, y la autora, ya de paso, escribe otro de igual contenido. Esta tiene un blog para ayudar a futuros escritores (ella se llama y los llama novelistas) que aparece entre los más visitados o recomendados de una lista que, a mi parecer, resulta poco fiable, considerando lo que pude leer hasta que la risa me dejó ver. La cosa tiene su miga cuando la consejera novelista suelta diamantes en su obrita de 124 páginas de tantos kilates como los que voy a copiar:
"Dándome un susto que no esperaba". Los sustos y las sorpresas, cuando se esperan, pierden gracia.
"Trabajo en mi casa particular", no en mi casa ajena ni en multipropiedad (y cuando llueve se moja, como las demás).
"Me sentó como un jarrón de agua fría". Un simple jarro se le quedaba pequeño.
"No dejaba de mirarme con aquella mirada firme". Mirar con el tacto o el olfato no es de recibo.
"Sentí la obligación de aclarar el mal entendido". Si no he entendido mal, sería un malentendido.
"Grité bajito". A menos que vociferase a una persona de baja estatura (que tampoco estaría bien expresado por falta de dos puntos y comillas), la protagonista tiene un cuadro de difícil dictamen para un otorrinolaringólogo.
"Apegándose a mi trasero". Por mucho apego que le tuviera, que lo tenía, con pegarse al trasero le habría servido para sus fines lúbricos.
"Esos abdominales perfectos marcados en su abdomen". Si los hubiera tenido marcados en otra parte, el sujeto sería abominable. 
"El silencio era ensordecedor". Como metáfora tiene su gracia, aunque nos parece un silencio un poco díscolo.
Y la joya de la corona: "La diablilla se lo pasaba pipa pinchándome con su tricornio en el culo". Sin duda se trataba de una diabla guardia civil.

Sólo quiero prevenir a los incautos como yo, y aconsejarles la lectura de novelas de verdad. No voy a mencionar el título ni el nombre de la autora ni su blog. Sería más publicidad y además en este mundo hace falta gente con la autoestima alta (bueno, quizá no tanto).

Pd.- Dedicado a Manuel García Viñó, fallecido el año pasado, y a su "fiera literaria" que se quedó huérfana, cuyo método crítico acompasado me he permitido usar. 


viernes, 2 de mayo de 2014

ENCAJE DE BOLILLOS

No es explicable por qué mi musa pequeñita me abandona durante meses y regresa con aguijón de abeja enfadada para ponerme en modo "on-fire" en apenas dos días.

Aprendí de mi padre la expresión "hacer encaje de bolillos" como sinónimo de emprender una tarea ardua, complicada y que requiera precisión. Como mi padre (que hoy celebraría su quincuagésimo-sexto aniversario de boda) era poco amigo de vaguedades lingüísticas, hago mía su sentencia. Tengo un baúl lleno de sus consejos, refranes y dictámenes de diferente pelaje que llevo conmigo. La casualidad ha querido que hoy aparezca mi querida Maricruz surcando una ola que ha venido a salpicar mi lenta tarde de viernes. Ella forma parte del escogido elenco de actores que por variopintos motivos se han cruzado en mi trayectoria. Y por mor de la fortuna es bolillera (sugiero que algún malpensado e indocumentado evite los chistes baratos). Así que los bolillos son los protagonistas, y por ende mi padre y Maricruz, que seguro que se caerían bien.

El siglo XXI se llevó de calle muchos logros (que ahora regresan para nostálgicos), por obsoletos. El aceite de oliva fue, durante años, demasiado gordo, quizá por algún excedente de girasol. Los huevos producen colesterolemia en los años impares. El orgasmo clitorídeo y el punto G existen cuando gobiernan unos. Fíate y no (te) corras.

Pese a los consejos institucionales, perviven tradiciones no discutibles, no tendenciosas, no interesadas. Entre ellas está la de hacer bolillos, preciosista manufactura. A quienes les pique la curiosidad, sugiero una vuelta por esta página: 

http://www.elrincondelbolillo.com/




¿QUÉ PASÓ DESPUÉS?

En atención a una amabilísima seguidora de allende el Atlántico que pregunta si seguí leyendo y a quién, responderé con la fotografía que ilustra este breve texto. No fue el único, pero me ocupó una temporada larga, intensa y placentera.



PD.- Los libros que aparecen en mi blog son de mi propiedad (no intelectual, ya quisiera). 

jueves, 1 de mayo de 2014

MÁS DE LO MISMO


La suspensión cautelar del texto anterior no obedece a falta de tiempo, ganas ni inspiración. Sólo a una norma elemental del bloguero que me acabo de inventar: si hay que usar el scroll de pantalla, es demasiado largo. No he comprobado este dato, ni en la entrada anterior ni en ninguna otra de las mías, pero sí en las ajenas, y mi atención, de por sí dispersa, se desvanece tras darle a la ruleta del ratón un par de veces. Por tanto seguiré el aforismo latino "medice, curate ipsum", o sea, aplícate el cuento, majete.

(Dos minutos más tarde, aunque esto salga mañana, que ya es hoy, o dentro de una semana, que también es hoy).

Tom Sawyer cayó en mis manos a la edad de diez años, una mañana sabatina de doloroso recuerdo, recién llegado del ambulatorio de la seguridad social, donde un sacamuelas, término incluso generoso para aquel animal, me arrancó una pieza pocha sin dejar que la anestesia hiciera su efecto. El día antes ya advertí a mi profesor de cuarto de EGB de mis dolores, y como no me hizo caso, cogí mi abrigo y me fui a casa sin pedir permiso. Después de echar un vistazo al libro de Twain, volví al colegio para tirar petardos, que era la costumbre durante las fiestas patronales, y el domingo regresé a urgencias para tratarme de un "pequeño" esguince que me tuvo en casa exactamente cuatro semanas, provocado por lanzarme sin paracaídas desde unos arcos pseudo romanos que adornaban el patio de arena. Así que tomé aquel contratiempo como una señal y me leí el librito.

No creo que el accidente me dejara secuelas psíquicas, en todo caso una cierta propensión a torcerme ambos tobillos con frecuencia creciente, aunque quizá en la profundidad de mi subconsciente anidara una asociación freudiana entre lectura y asistencia médica. El caso es que tuvo que pasar mucho tiempo para que yo superase aquella resistencia pasiva al negro sobre blanco, (cursilada horrible para evitar la redundancia).  

Cómo no, el amor otra vez, vino en mi ayuda. Y García Márquez se hizo presente años después de aprobar la literatura de COU. Mi novia de la primera mitad de los noventa me regaló "El amor en los tiempos del cólera" y creo que, por primera vez en mi vida, terminé un libro de cierta enjundia y abundantes páginas. Pero mi siguiente asalto fue de nuevo vano, y no tuve fuerzas para hincarle el diente al Ulises de Joyce, un irlandés bastante pesado que te hacía ser diferente, pero que lo ponía realmente difícil, por lo que abandoné la aventura, quizá muy ambiciosa, a las pocas páginas y muchos bostezos. 

La fortuna puso en mis manos "La piel del tambor" el verano de 1995, que devoré en unos días frente al Cantábrico, mientras me curaba las heridas que dejó el desamor (aquel verano terminó para mí "la primera mitad de los noventa"). No conocía a Pérez Reverte más que como articulista y ex corresponsal de guerra, y su libro me entretuvo, que no era poco,  y salvó del exceso de nostalgia propio de los estados carenciales de afecto y a veces de exceso de calcio...

En algún momento que no puedo precisar me fue regalado "Del amor y otros demonios", también del colombiano Gabo. 

Y sobre Neruda prefiero no hablar. Aunque sólo sea cuestión de tiempo.

PD.- La fotografía no tiene nada que ver, excepto la misma foto en sí. Habrá quien le encuentre sentido, no me cabe duda.