domingo, 10 de septiembre de 2017

MARCO LEONATO, BLOW, CUARTETO MUZIKANTEN...



El amigo Marco Leonato, que grabó nuestro vídeo de promoción en la iglesia de San Cebrián de Mazote, se sorprendía esta semana del éxito que habían tenido las fotos que hizo durante un concierto de Blow, pedazo de grupo rockero vallisoletano, después de compartirlas en FB. Entre agradecimientos casi se disculpaba, con humildad desacostumbrada entre artistas, por considerarse fotógrafo aficionado y no merecedor de tanta loa. Suele pasar, creo, que los comentarios positivos sobre el trabajo de alguien coinciden con este cuando tiene la autoestima bien alta, cuando es realmente bueno o en el caso de que sea justamente lo contrario. -La autocomplacencia es enemiga de la excelencia. El elogio debilita según de quién venga y quién lo reciba. A mi madre le encanta todo lo que hago, pero es mi madre y mira al polluelo con ojos de gallinita orgullosa-. 
Después de un concierto, lo que me deja pensando es la crítica del amigo que olvida serlo durante una hora, explicándome qué le disgustó y por qué, con argumentos basados en el conocimiento. Aunque lo mencione de paso y ni siquiera eso, lo bueno se da por supuesto. Uno ya es mayorcito para separar la paja del grano. -Hace años, un crítico de prensa, ex-cantante mediocre y resentido, aprovechaba cada concierto del coro universitario para hacer y repartir leña contra el director, con el que tenía algún tipo de cuenta pendiente. Era un hombre documentado en lo suyo, pero la inquina le dominaba. Los comentarios técnicos que esgrimía en otras críticas desaparecían cuando el objeto de su ira era mi querido D. Carlos y me dolían más que a este mismo, que las tomaba a chanza. Luego resultó que a sus amigos los ponía por las nubes, vamos, que se le veía el plumero de lejos y sin gafas-.
El miércoles pasado no encontré médico de urgencias, sólo una amiga enfermera de SACYL que no estaba facultada para dispensar recetas en su nombre ni hacer parte de baja que justificara una faringoamigdalitis aguda con disfonía provocada por la cagalera de los nervios. Después de saludar a mis familiares y amigos se me pasó de golpe, así que los fallos de afinación fueron culpa mía. Es lo bueno de no depender de la taquilla.
Gracias a los que vinisteis, a vuestra paciencia, aplausos y críticas, las mejores medicinas.
El próximo concierto será de pago, pero prometo que aunque la sala esté vacía nos esforzaremos por ofrecer una actuación digna, superar nuestras carencias y buscar el nivel de excelencia que podamos alcanzar dentro de nuestras posibilidades. Y si hay fallos, como los hubo esta semana, la culpa no será sólo -algo sí- del empedrado. 
Me encantó veros a todos, absolutamente. Y daros besos y abrazos, mucho más.

Pd.- Gracias, cómo no, a Toño, David y Eugenio por seguir aguantándome. Y sobre todo por ser amigos, músicos y críticos. 

domingo, 20 de agosto de 2017

EDUCACIÓN

Con este blog hago como con las cartas a la revista semanal que dan -no regalan- con el diario: escribo cuando me apetece o algo me toca la fibra. 
Esta es mala semana para escribir, porque hay colmillos afilados, los más tuiteros de pocas letras y mucho veneno, y por mucho que te expliques hay tantas interpretaciones como escribidores: sensibilidad a flor de piel; quid pro quo; ley del talión; tú, ¿de qué vas?
Como no he encontrado letra pequeña que me impida publicar mi carta antes de enviarla al concurso, premio mediante, aquí la dejo:

Se alude a ella con harta frecuencia cada vez que sucede algo que nos acongoja, casi siempre coincidiendo con un delito, desde la leve “falta de educación”  del niño que molesta en el chiringuito de la playa, hasta el más contundente “¡falta educación!” con todos sus matices intermedios. El informe PISA y las comparaciones –ranking- de universidades o colegios/institutos no recogen más que resultados académicos, un dato objetivo que obvia  otros de mayor calado, como la cultura –histórica y tradicional no son lo mismo- de un pueblo o la importancia e inversión que cada gobierno destina a la base sobre la que sustenta el devenir de la sociedad que le encargan gestionar. Será por deformación profesional que todo lo acabo llevando al mismo molino. Ya sea la caza de ballenas en Lembata (Indonesia) o los casos crecientes de pederastia en España, ambos tienen el mismo nexo: la educación. Que cada uno lea y entienda lo que su educación le permita.
Mientras en nuestro país el magisterio, o como se llame según los múltiples y cambiantes planes educativos que se alternan según quien gobierne, sea una carrera que se nutre de unos pocos vocacionales y otros muchos residuales por falta de nota en la EvAU/EBAU, seguiremos adoleciendo del mismo problema. Todos ellos –vocacional no significa profesional ni residual es sinónimo de aficionado-,  necesitan formación y exigencia, amén de compensación y estímulo acordes con la tarea que se les encomienda, que además no termina cuando se recibe el título. Un maestro tiene que serlo hasta que se jubila, ni un minuto antes.

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El día en que nuestros políticos apuesten –a caballo ganador, no albergo dudas- por cimentar el estado con solidez, no con las frágiles columnas de la ideología sino mirando al futuro, habremos comenzado el camino, el buen camino, como dicen los peregrinos en la ruta jacobea. Un edificio se construye desde la base: educar (del latín, “educare” o “ex ducere”, según versiones) es la palabra básica.

lunes, 14 de agosto de 2017

HEREDEROS DE GÓMEZ SAN JOSÉ


Por desgracia, a partir de cierta edad -en la que me llego-, las reuniones familiares se hacen a toda prisa y sin querer para despedir a uno que se va, y reina cualquier cosa menos la alegría completa. Por suerte, hay románticos que se molestan en convocar a todos sin que aparezcan un día antes en la letra pequeña del obituario. Fernando y Rebeca, primo e hija de prima, decidieron hace un par de meses que era el momento de saltarse el cruel protocolo para hacerlo absolutamente festivo. 

Mi familia supera con creces la media de procreación que evitaría la extinción del ser humano. Eran tiempos rurales en los que no tener coche y piso en propiedad importaban mucho menos que perpetuarse, y no somos un Mustang. La emigración, necesaria para la subsistencia, se encargó de repartir a los ocho hermanos, que se fueron asentando a orillas del Cantábrico, el Esgueva -cuya orilla juntó a la rama pucelana- y el Sequillo, y de ahí al Mediterráneo y al Sena y al Pisuerga. Otros mares y ríos terminaron por conocer a los herederos de Serafín y Felisa, mis abuelos maternos.

Ayer, domingo, más de cincuenta personas de cuatro generaciones compartimos mesa. Puede que otros tantos faltaran, pero estaban presentes, ya fuera porque excusaron su ausencia o porque sus descendientes los honraban con su heredada forma de ser. La fortuna sin lotería -alguna pedrea, quizá- nos ha ido colocando donde ha querido, con rachas mejores y otras menos buenas. No había cochazos aparcados a la puerta, joyas ni más lujo que el de vivir sin deudas o las pocas que el mercado bancario impone. Quizá por eso nadie haya perdido el rumbo. Los únicos que necesitaron presentarse fueron los de la cuarta generación, móviles mediante y alguna dificultad idiomática entre plato y plato. El resto seguimos siendo reconocibles: un puñado de personas entre algo currantes y muy currantes que no olvidan su procedencia y se enorgullecen de su sencillez, de crecer sin medrar, como mandan los cánones de la humanidad bien entendida en tiempos tan inhumanos. 

En 1918 se casaron Serafín y Felisa en San Cebrián de Mazote, el pueblo con iglesia más que noble. Allí o cerca estaremos todos, incluso alguno más de los que no pudieron venir, y quienes aún están por llegar, si Dios quiere. 

Gracias a Rebeca y Fernando por el esfuerzo de juntarnos, con el certificado de boda de mis abuelos como testimonio-regalo y el árbol genealógico que se pierde en la inclusa por  vía Felisíaca. ¿A quién coño le importa la supuesta nobleza del apellido? Las personas ennoblecen al nombre y no al revés. Y me enorgullece tener un San José intercalado cada cuatro apellidos, como sé que se sentirían aquellos antepasados que por mor de los tiempos y las circunstancias no pudieron o quisieron dejarnos el suyo. Los descendentes de Felisa y Serafín no vestimos ringorrango, ni falta que nos hace. La única herencia que nos importa es la de poder abrazarnos todos, sinceramente, sin excepción, en honor de la madre que nos parió, porque esa es la verdadera herencia: la que no figura en las cuentas corrientes ajenas. 

Pd.- Alberto, que aparte de primo era -y es- amigo, se dejó besar por mí. Hasta a sus hermanos les sorprendió. 
-Eres el único hombre capaz de besarle -dijo una de las "melgas", Elena-. 
Resulta que su cámara de fotos y la mía son casi iguales. Será por eso. Tenemos formas semejantes de ver la vida, muchos años después.

sábado, 12 de agosto de 2017

MÁS JACOBEO, CAPÍTULO SEGUNDO


No sólo de deporte vive el hombre. La anécdota tenística fue una pequeña parte del Camino, porque tanto da que Gala fuera tenista o antenista: es una gran persona concentrada en menos de metro setenta que, como decía uno de los iluminados de la radio, "vale más por lo que calla que por lo que sabe". Alejandra lo lleva con inteligente paciencia, y bien que les va para preservar su amistad.
Aparte del encuentro casual, hubo otros más y tan merecedores de mención: Montse y Enriqueta, las amigas "granaínas" que miraban a Santiago con los ojos despistados en otras cuestiones de mayor calado que abrazar al Santo por la espalda -a Gala y Alejandra no les dejaron porque iban con Jerry, el perrito. No encontré a San Antón para contentarlas-; mis colegas maestras, Elena "Sieteapellidosvascos y un Valencia" y Rita, la sarda que habla castellano mejor que el presidente del gobierno y tiene más conchas de quita y pon -no sólo de vieira- que el mismo Mariano, y Sandra y sus secuaces, conquense y emeritenses de mucho mérito que abrazan de frente, sustituyendo la ausencia de Clara, que es mi abrazadora de cabecera en tierras del apóstol. Fernando y Ángel, hermano y cuñado respectivamente, venían de casa conmigo, pero eso no sólo no les quita mérito sino que añade el plus de aguantar y respetar mis rarezas-caprichos-chaladuras, dos penitencias en una, de las cuales sólo tiene certificado la oficial de llegar a la plaza del Obradoiro, porque yo no pongo sellos visibles. 
Aunque era reacio a pernoctar en Santiago, pura vagancia, acabamos por encontrar alojamiento y ahora no me pesa, todo lo contrario: la última noche, ya santificados unos y mortificado yo por mi poca dureza, mereció la pena. Fue una especie de remate, de prórroga con el partido ganado, un tie-break o brindis a toro pasado -show must go on-, en loor de multitudes u olor, pero duchados y acicalados. Ahora que lo sé, no me perdonaría jamás haber perdido las charlas profundas impropias de la madrugada con Elena y Rita; los abrazos de Sandra, Ana e Inma y el ambiente gallego a deshoras. Y la despedida de Montse y Enriqueta, que andarán ahora en su tierra de mar y montaña entre sus propias montañas y mares.
Sólo faltaron Germán y familia, pero las cosas no tienen por qué ser perfectas. Lo bueno es enemigo de lo mejor, y está por llegar ultreia. O one step forward.

viernes, 11 de agosto de 2017

EUROJACOBEO 2017


El camino de Santiago, si alguna vez existió tal como lo cuentan, se ha convertido en los últimos años en atracción turística, un parque temático que se prolonga desde cualquier sitio, según apetencias. Dios o el propio apóstol me libren de juzgar a nadie, que uno es libre de ir donde quiera por el motivo que se le antoje. Si la fe mueve montañas, aquí, donde no se exige fe y se contempla el supuesto "por motivos personales", se mueven montes y en muchos casos depresiones. 
Hace dos semanas, en mitad de una siesta, me invitaron por wasap a participar como coche de apoyo. La somnolencia traicionera pronunció un "sí" tan creíble que el viernes pasado no encontré excusa para apearme antes de Sarria. Mi cometido era bien sencillo: conducir. A falta de librillo oficial, fui sellando mi diario, más bien nocturnario, que se quedó en diez páginas con logo y apenas tres escritas sin más objetivo -aparte del de mi cámara- que matar las horas de espera. La casualidad y/o el destino quisieron que en el segundo tramo me encontrara con una persona a la que conocía sólo por la tele. Ella no estaba por la labor de dejarse reconocer, pero mi hábil interrogatorio acabó por hacerla confesar. Una vez desvelada su identidad, muy a su pesar, lancé mi bomba definitiva para desarmarla.
-Tengo algo en casa que hace más de dieciséis años pasó por tus manos. 
Abrió los ojos, sorprendida y claudicante.
Gala León fue tenista profesional, una de las buenas de España y de entre las treinta mejores del mundo. Aprovechando su laxitud de cinco horas andando, que por lo visto dolían más que las mismas corriendo y pegando a la bola con la zurda, ora plano, ora liftado, ora cruzado, ora paralelo, le solté el relato a bocajarro.
-Tengo una camiseta de Indian Wells, año 2001, con tu firma y las de otras tenistas. Mi amigo Juan Ignacio -primo de una de las firmantes- me la dio de tu parte. 
Tardó poco en reconocer a mi amigo pero la memoria no le daba para mucho más mientras pedía una Mahou cinco estrellas de un tercio en tierra de Estrella de Galicia, que esta chica madrileña va contracorriente. 
-Para que te firmaran, dijiste que era para un amigo tuyo que era deficiente.
Gala se defendió como si al otro lado de la red estuviera la Graff.
-Yo firmaba todo lo que me pasaban.
Tuve que explicarle, recordarle, que inventó la historia para evitar el hastío de sus rivales, aburridas de tanto autógrafo que no fuera para firmar el cheque.
-No, mujer. Metiste la camiseta y contaste aquello para contentar a un desconocido que, dieciséis años después está tomando una cerveza contigo.
Gala, Alejandra -su compañera de viaje-, Fernando, Ángel y yo comimos en el restaurante de su albergue hasta casi la hora de la merienda, y Jerry, su yorkshire terrier, apuró las sobras. Tan eufórico me encontraba que hasta pensé en comprarle uno a mi hija. 
Hasta llegar a Santiago nos vimos a ratos y allí nos despedimos con abrazos y besos. 
De lo que me contó, aunque daría para ser invitado de "Sálvame" -a donde ella ha evitado acudir- semana tras semana y retirarme de la docencia, no pienso soltar prenda, aunque me dio permiso. Lo que sucede en el Camino se queda en el Camino. Sólo diré que ahora miro y veo a los deportistas como seres más humanos, con sus debilidades que cada uno suple como le parece. Y que ya no soy fan de Conchita, ¡ea!
Pd.- Por algún extraño motivo, el blog se niega a dejarme poner la foto de la camiseta firmada. Lo haré en cuanto me deje. Gracias a Gala y Alejandra, su luminosa sombra, por permitirme su publicación. Y para Jerry, guau, guau.

domingo, 30 de julio de 2017

LENGUAS ESPAÑOLAS (70007)


Franqueada por fin y por los pelos la barrera de las 70.000 visitas -¡qué difícil es ser leído cuando no hablo de Germán Díaz!-, retomo mi rutina escribidora dominical para evitar mi siesta y quizá provocar la ajena. El verano, como a otros la noche, me confunde. Yo, al contrario que Javier Marías, miro cuántos lectores tengo como el pobre los céntimos de su cartilla de ahorro. Más que vanidad -que también-, necesidad de saber que hay alguien al otro lado de internet, ya que no cobro por ello.

Una amiga charra-zamorana corrige con cariño mi leísmo pucelano, que me parece una preciosa joya distintiva. Le devuelvo el guante, que ella recibirá con idéntico cariño. Carmen, como ella dice, es mucha Carmen en la riqueza y la pobreza, la exuberancia y la realidad (en su caso viene a ser lo mismo), que la humildad le tira de la sisa.

Por si acaso, consulto la gramática de la RAE -primera referencia-, el "panhispánico de dudas" y alguna página web más o menos fiable en la que al menos la gente razona sin faltas de ortografía. Sigo vacilando, pero entre almóndigas, cocretas y tildes diacríticas que dejaron de serlo, lo del laísmo y el leísmo, Cervantes o Delibes mediante, me parece una insignificancia. Sabiendo cómo se reparten los sillones de la academia, -arrojándose al intelecto las cifras de ventas- me sobra con discutir con el autocorrector. 

Si me queréis, "irsen". Mejor: si no me queréis, iros.

Pd.- Mireia Belmonte, plata en 400 metros estilos. Otra medalla para una mujer española. Ni una sola para un hombre. La raza hispana manda: las mujeres nadan mientras los hombres las miran desde el chiringuito. 

sábado, 29 de julio de 2017

MEDIO VERANO A LA PORRA


Siempre me sucede lo mismo: comienzo el primer día de vacaciones con los mejores propósitos -el de dejar de fumar es sólo para primeros de año- y, por hache o por be, me quedo casi solo con el de descansar, que me lo habré ganado, digo yo.
El comienzo de la debacle se dio en la jornada de convivencia del profesorado. Visitamos la catedral de Valladolid, esa que según Llamazares -"Las rosas de piedra"- y muchos otros es tan fea, no sólo por inacabada. Subimos hasta la cúpula de la única torre en el ascensor, ocurrencia de un alcalde a quien le perdían las obras públicas y, como era pronto para comer, me dio por visitar después el museo diocesano, ubicado en los restos de la antigua colegiata pegada a la seo. Luego saqué las entradas para el concierto de la Peyroux, del que ya he dejado comentario, tomé café con mi madre, estuve de charla con Toñín, el peluquero, y llegué al restaurante con mi amigo y tocayo del colegio. 
Al día siguiente me dio por leer sobre la catedral, después de consultar bibliografía y preguntar a Salvador Mata, que algo sabe de piedras rotas. Compré un libro y me puse a la tarea de conocer algo más sobre la iglesia principal de mi ciudad, cosa que parece exclusiva de turistas, tan dados a valorar más lo que se encuentra a cuantos más kilómetros mejor de su propia casa. 
Los diez días reglamentarios en la playa me trajeron la lectura de una novela histórica que encontré por casualidad en un supermercado, basada en el asesinato del caballero Ezpeleta a las puertas de la casa de Cervantes, a quien se atribuyó la autoría. A la vuelta tiré de biblioteca para releer la documentación del caso. Resultó complicado ubicar los hechos, porque poco queda de aquella ciudad con ínfulas, menos aún los nombres de las calles.
La biografía de James Rhodes me tuvo atrapado a ratos, con saltos a "Platón y un ornitorrinco entran en un bar" y una novela brevísima de una rusa a la que su madre obligaba a tocar el piano. 
Acabando el mes, sigo con el libro de la catedral, echando de menos un poco más de atención a las clases de arte del P. Aniano en COU. El escaso vocabulario sobre arquitectura adquirido aquel año, más preocupado por mis compañeras que por el estudio, lastra el avance de la lectura. 
El lunes termina julio, y no sólo no he vendido una escoba sino que he comprado un aspirador.

Así que cuando me pregunten dónde he pasado las vacaciones, no tendré otro remedio que responder con cierta vergüenza: por las calles de Valladolid. Y sin fotos que enseñar, porque si no apareces en traje de baño con el mar al fondo y una caña, no te hacen ni caso.

lunes, 17 de julio de 2017

MÁS-CELÁNEAS


Hablo mucho con mis alumnos. Opino que es necesario. A veces me consultan sobre el futuro y siempre les digo que hay que tener un plan B a menos que uno tenga clarísimo el A, incluso pese a ello. La vida es tan complicadamente sencilla que exige alternativas, por si acaso. 
Yo nací sin planes. Me lo hizo notar el psicólogo del colegio cuando me llamó a su despacho después de evaluar mi test de aptitudes profesionales, "bahtcha" tras "bahtcha" (era extremeño y decía "basta" con su acento tras cada ejercicio: dejen el lapicero cuando yo diga "bahtcha"). 
-"Menoh" militar -él lo era, coronel Baeza- "uhté" puede ser cualquier cosa. No tengo "máh" que decir.
Y la cosa era que a mí me atraía todo. Lo de no ser militar se comprobó en 1986, pero no tuve tiempo para comunicárselo al psicólogo, para que viera su acierto pleno. 
Lo malo de no tener vocación de nada es que a los diecisiete años te obligan a decantarte, aunque ahora sea peor con lo de los itinerarios del bachillerato. Lo bueno es que casi cualquier cosa sirve. Imaginemos que a un político -no a todos- le pidan que se defina... antes de saber con qué partido tendrá más oportunidades. En mi primera carrera fallida hubo uno que se ofrecía a las tres candidaturas para el claustro con la única premisa de que le dieran los primeros puestos, porque quería salir a toda costa. Saltó de la derecha a la izquierda, pasando por los intermedios, hasta que consiguió su objetivo. Hoy en día es senador del PP, -se jacta de ganar 6000 euros limpios por tocarse los cojones, con todas las palabras y todas las letras- aunque podría serlo del PSOE, FN o Podemos -que aún no existía-. El político de raza es, ante todo, político. Luego ya se verá de qué raza. (Tengo un cuñado que fue expulsado de IU por excesivamente rojo -sacar los colores al respetable-, y después de amar a Rosa López le puso los cuernos con Albert Rivera, con quien tampoco rasca bola).
Probé con la psicología, pero la UNED está hecha para ciclistas: gente de otra pasta. La mili o media mili me dio tiempo a pensar y acabé por ser maestro. Ya que no era capaz de dibujar mi destino, el destino me mandó un croquis. Mi profesora de piano tuvo a bien explicármelo y jamás le estaré lo suficientemente agradecido.
-Estudia magisterio. En pocos años cambiarán los planes de estudio y podrás enseñar música. -Ella ya había desistido de la idea de convertirme en pianista, como dejé escrito en este blog-.
Entre mis amigos del cole, que son una gran parte de los que tengo ahora, hay un abogado con despacho. Opositó durante unos años a funcionario, pero se cansó de la disciplina y se asoció con un familiar. Hace días me comentaba que no es necesaria la vocación para ser un buen profesional: basta con tener claro a qué te dedicas, te guste más o menos, y esforzarte, convencido de que lo que te da de comer merece tu atención. Le pregunté qué le habría gustado ser y su respuesta fue contundente:
-Restaurador de obras de arte. -Si hubiera confesado que deportista de élite habría tenido que poner entre paréntesis su máxima sobre lo vocacional, pero es un tío serio y cabal, y su raqueta Kawasaki no daba para más-.
Chema tiene muy buena mano -excepto para el tenis y el padel-. Asistió a clases de dibujo y pintura, me compró una acuarela -eso es amistad- cuando "me hice pintor" y si no se puso a exponer creo que fue más por ética y decencia, amén de timidez, que por falta de habilidades -que atesora más que yo, de largo-. Los padelistas -antes de descubrir las benéficas propiedades  de la eyaculación para prevenir males de espalda, como asegura Nacho, el otro licenciado en derecho aún menos vocacional que Chema- envidiábamos sus clases con modelo desnuda, más aún sus descripciones inflamadas para despistarnos entre golpe y golpe. No me apunté porque se me habría notado demasiado y porque la modelo cobraba un plus, supongo que de peligrosidad ante rijosos viejunos.
Hoy mismo me llegó un wasap de otro amigo del alma para contarme una oferta de trabajo que tiene que ver con su vocación, en este caso clara, meridiana, la madre de todas las vocaciones. Sus otras obligaciones le impiden aceptarla. Es otro tío cabal, fiel, un ejemplo de seriedad. Me he sentido chafado por él. Cuando Sharon Stone llama a tu puerta tienes que explicarle que estás con Penélope Cruz, que tampoco está mal pero no es lo mismo.
Mierda de vocación. Menos mal que tengo muchas, como Groucho principios y, si no te gustan, tengo otros.
Pd.- Gracias a Andrés y Onrubia por hacer que me creyera pintor. A Fuentes y Pilar por idem de fotógrafo. A Luis Cantalapiedra y Germán por lo mismo como músico. A Carmen, Patricia y más gente por verme como escritor. Y a mi esposa por seguir creyendo que valgo para todo. A Ana Torroja, que dijo "sólo soy una persona". Siento defraudaros... a todos.

domingo, 16 de julio de 2017

LO IMPORTANTE Y LO OTRO. UN POCO DE TENIS, PARA VARIAR.

Año 2000. Estaba tirado en el sofá, cambiando de canal por mero aburrimiento, cuando acerté a sintonizar la final de la copa federación de tenis, la Davis para mujeres. Las españolas iban perdiendo, y perdieron. A punto de darle a otro botón del mando, entre el público me pareció ver una cara más que conocida. Me levanté del sillón para pegarme a la tele y unos minutos más tarde, en efecto, comprobé que Juan Ignacio estaba allí, con cazadora de piel, entre las jugadoras del equipo nacional -se entiende que español-, celebrando los pocos tantos que podían apuntarse contra las americanas. Su prima, Vivi Ruano, formaba parte del combinado -hay que ver lo difícil que resulta encontrar sinónimos- patrio. Después del partido le envié un email para contarle que le había visto por la tele, o quizá le llamé por teléfono, pues allí ya se había inventado la tarifa plana a cobro revertido o qué sé yo, que nos permitió la charla distendida y gratuita, igual que años antes durante una final de Champions con el Madrid, cuya segunda parte vimos colgados del teléfono, y yo tomándole el pelo con goles imaginarios que el aún no había visto, aprovechándome de los segundos de diferencia entre su señal y la mía. El resultado real quedó mucho más abajo que el de los goles inexistentes que le fui adelantando. 
Al año siguiente me invitó a su casa en L.A. y tras entregarle una bolsa de ropa, con jamón y chorizo camuflados que me coló su madre, lo cual provocó su risa y mi mosqueo -el aduanero me preguntó si llevaba "joriso" y respondí que no, tras hacer la misma pregunta a unas guapas americanas, que contestaron que preferían las hamburguesas, entre jijí y jajá- se fue al armario empotrado y me trajo una bolsa de plástico: en ella estaba la gorra que su prima Vivi había llevado durante la Fed Cup, y una camiseta del torneo de Indian Wells que Gala León, otra componente del equipo, había metido en el vestuario para que me la firmaran, aduciendo, por saltarse la norma, que era para un amigo suyo... deficiente -no me molestó, porque todos tenemos algo de eso-. Por lo visto, las jugadoras estaban tan hartas de autografiar fetiches que sólo lo hacían en casos excepcionales. Juan Ignacio me enseñó las fotos de la fiesta posterior al torneo de la copa federación, en un casino de Las Vegas, contándome chascarrillos que no revelaré. De entre todas aquellas tenistas, mi favorita era Conchita, para mí la de más clase, aunque no tuviera tantos títulos grandes como Arancha.
(Allá por 1994, la joven Conchita Martínez, que no se molestaba en poner su segundo apellido para resultar más atractiva, ni colocar un guión entre ambos, lo que ahora es casi norma, ganó un partidazo a Martina Navratilova. Era el torneo de Wimbledon, Güímblendon, como decía Butanito, que tenía su propio idioma. Por entonces se podían ver los partidos en abierto, o sea, gratis. Si no recuerdo mal, lo emitió TeleMadrid, aunque no fueran de interés nacional. Ese día quedé enamorado de Conchita).
Mi amigo hizo un par de intentos por quedar con ella, que vivía no muy lejos, creo que en San Diego, pero no tuvo éxito. Vivía alejada de la prensa, con sus motos, sus coches y su colección de vinos, y su vida no necesitaba publicidad. 
Hoy mismo me he acordado de todo aquello al saber que era la entrenadora ocasional de Garbiñe Muguruza, que ha ganado el torneo de Wimbledon. Me alegro muchísimo por ambas.
Pese al hito, la prensa deportiva, que no es ni una cosa ni otra, sigue dando preeminencia a los abandonos de Alonso, las caídas de Contador, y a los no fichajes del Madrid o el Barça, y en la web cambian el titular de la victoria de Garbiñe por  cualquier chorrada que entretenga a los forofos.
Luego, con razón, se quejan las mujeres de que siguen siendo invisibles. Lo que no sé es cómo permiten que sigan entrando hombres a los pabellones donde juegan. 

sábado, 15 de julio de 2017

MADELEINE PEYROUX

En una pegajosa noche de julio, después de varios años sin asistir, regresé al Universijazz. La última, que era la única anterior, no voy a presumir de jazzero, iba con pase de prensa gracias a una amiga que me lo prestó a cambio de acompañarla. No era mal negocio, porque Arancha es una mujer encantadora que además me echó una mano para poner en marcha el cuarteto con sus generosos consejos. Esa vez tocaba un trompetista con varios síndromes psiquiátricos que no le impedían hacerlo de forma extraordinaria.
El mundo del jazz está lleno de gente con pedrada, no sólo los músicos, que de tanto darle al mismo instrumento acaban un poco desubicados, sino entre el público, que haberlos haylos. Ignoro a qué obedece el afán de algunos por demostrar sus conocimientos, máxime cuando no se lo pides. Que yo sepa, con estar callado y quietecito, y aplaudir después de cada solo y al final de cada canción sería suficiente. Sin embargo, excepto por la ausencia de palomitas, la cosa se parece bastante a un cine, Seminci aparte: unos comentan la jugada a quien quiera escucharlos; otros no paran de llevar el ritmo con los pies, incluso contra los pies del vecino; está el que dice conocer al intérprete y te recita todos los conciertos a los que ha asistido; luego el erudito con oído absoluto, que tras un solo de chorrocientas mil notas es capaz de decir: "ha fallado una". A mi lado se sentaba un espécimen de la raza "homo cultisimus", con indumentaria propia para la ocasión, eso que huele a traje corporativo: luto riguroso con calzado dudoso, gafas de pasta negra y corte hipster. Lo malo ya no era aguantar los trances extáticos del vecino, sino sus piernas invasoras de espacio y silencio y, lo que es peor, con nulo ritmo. Por si quedaban dudas, se arrancó a dar palmas, cómo no, a tiempo, que es la forma vulgar de acompañar en fiestas populares a orquestas de chundachunda. 
No me extraña que la Peyroux, que tampoco es la alegría de la huerta, tenga fobia a los teatros grandes. Se le llenan de gente así y es para que se le quiten las ganas del todo, no esas que le van y le vienen por rachas, como a mí, que tardaré otros cuantos años en volver. Es que el jazz llena mucho, y si no es en casa, con CD y whisky, empacha.
Que me perdone mi amigo Choche, pero tengo que confesarlo: me aburrí bastante, no por la Peyroux, que tiene un don (y pedrada), sino por el de las pataditas, los del móvil -"se ruega que apaguen sus dispositivos" y se ponen a grabarlo todo-, el baterista que acompañaba con un "shta, sh-shta" como de escobillas... del váter, y todos los que, por alguna extraña coincidencia que se me escapa, decidieron sentarse a mi alrededor para chafarme el concierto.

viernes, 14 de julio de 2017

ÉRAMOS TAN JÓVENES...

Desde mi infancia -huelga decir que más tierna, porque no conozco otra y hay que huir de las frases hechas, como recomiendan los estilistas- me gustaba cantar y actuar. Mi primer papel fue el de alcalde de "Marcelino, pan y vino". Las monjas, de las de entonces, con hábito y mala leche, ajenas a la pedagogía moderna, no tuvieron empacho en humillarme cambiando mi papel de protagonista por el de primer edil. Yo aún no había visto la película de Pablito Calvo y tampoco tenía idea de qué se esperaba de mí, pero lo acepté como actor del método que era, pese a que Sor Inés bramaba: "parece que estás pisando huevos". Ya se sabe que Stanislavski era bastante gritón. Como solo había que vocalizar, porque el sonido era en off, no tuve que aprender diálogos y encajarlos era cuestión de mover la boca. Me calzaron una gorra azul, como de Cristobalito Gazmoño, y me pintaron un bigote con corcho quemado. Pese a mi actuación, la obra fue un éxito.
Ya en el cole de curas y frailes, mi segundo rol fue el de capitán de madera interpretando "Capitán de madera", de "La pandilla". Ahí cantaba y poco más, pero a cappella. Todo el público me felicitó, aunque sólo recuerdo al hermano Martínez y la madre de Matia, un compañero de clase, porque no había nadie más. Cien por cien de satisfacción.
Luego fui alternando papeles de cantante y actor, cuando no ambas cosas, hasta que Santa Cecilia acabó por iluminar el camino, llevándome de la mano.
El teatro seguía llamando a mi puerta, pero por suerte para los Max no abrí -el recuerdo de mi paso por la alcaldía me bloqueaba-. Lo siento por Santa Cecilia y Santa Rosa de Lima, que se ganaron la santidad auspiciando a gente como yo incluso después de muertas, que la santidad tiene esa servidumbre.
Hace unos días decidí presentarme al casting, que es como se llama hoy a una audición, para un coro de voces graves. La mía, más que serlo, lo está por cuestiones meramente físicas: me paso el día cantando y hablando en clase -a veces más que eso- y fumo. Lo que no esperaba era que, después de hacer mis gorgoritos, el director del coro me dijera que tengo, entre algunas virtudes canoras, un único pero serio inconveniente: cincuenta y dos años, aunque en las bases ponía que el límite sugerido eran los cincuenta y cinco.
Aún desconozco el veredicto. Si no paso el corte, sabré al menos que es por la edad. Prefiero pensar que sólo por eso.

sábado, 10 de junio de 2017

PILAR Y PATRICIA, AMIGAS MÍAS.

Pilar apareció un día por la casualidad de "amigos de amigos" que dicta facebook. Suele sugerirme libros y discos de vez en cuando. Tenemos gustos parecidos y los compartimos la una con el otro y viceversa. Es una forma de seguir en contacto, cada uno con sus ocupaciones y sus cuitas. Hace tiempo que dejamos las cuitas para mejor ocasión, que es casi nunca para los quejidos.
Su última invitación era literaria. Como siempre, le hice caso. Lo bueno de Pilar es que no es doctrinal, acepta mi opinión -y yo la suya- aunque vaya contra el dogma de la fe postmoderna, el bienquedismo y el "no lo digas en público, por si acaso". Así que a veces no coincidimos, se lo hago saber y seguimos tan pichis, ella más, que es madrileña o casi, como la mayoría de madrileños, un poco como los vascos: nacen donde les sale. El libro en cuestión está firmado por un autor que va de vuelta a sus ochentaitantos. Vamos, que se la suda todo porque nadie duda de su valía a estas alturas de la película y lleva en el ADN familiar la marca "culto". A ver quién es el chulo...
Cierto es que un libro no es el mismo según qué día lo leas y quizá estos no sean días adecuados. No es menos cierto que no he disfrutado en exceso, cosa que compruebo cuando mis dedos pasan páginas o mis ojos barren los párrafos más que leerlos. Es un mecanismo automático, como el que me hace saltar de pista cuando escucho un disco. 
Otra amiga, Patricia, -aquí hay más cuitas porque nos vemos a diario y la cara se disimula peor- suele decirme que cada uno llega hasta donde llega cuando le hablo de mis manías, muchas, en materia de música española. Ella no suele sugerirme lecturas porque apenas lee -no le sobra tiempo- y sus cantantes no son los míos.
-A mí me gusta Fulano -comenta, casi se defiende antes de mi ataque-.
-Prueba con Mengano. Dice lo mismo pero mejor... y no desafina. La música tiene esas exigencias.
Luego viene a darme la razón, parece que me he ganado su crédito. Incluso me deja opinar sobre su campo, su profesión, y me explica con paciencia en qué cree que estoy equivocado, lo cual sucede con frecuencia. Por eso me gustan Patricia y Pilar. Ambas escuchan, procesan, dialogan, y todos ganamos algo... aunque sea esa bobada que llaman amistad. Brindo por ellas con mi segundo y último chupito de la tarde, el de las verdades del barquero.

domingo, 4 de junio de 2017

EL JÚRGOL ES ASÍN

Un maestro de mis años mozos decía "fúlbol". Cuando pronunciaba de esa manera nos mirábamos, pero él, ajeno en su mundo "fulbolístico" a nuestras risitas, lo repetía sin darse por aludido. 
Si algo bueno tiene el balompié es que por un par de horas, con descanso y descuentos, nos mantiene lejos del mundo, olvidando los sinsabores diarios, aunque no sea más que una nube en un cielo borrascoso, más de lo mismo dentro del mundo mismo. 
No hay, por lo que veo en mis clases, nada menos razonable que lo que se adquiere por vía genética. Los tiernos infantes pierden su ternura cuando mencionas Madrid o Barça y sueltan improperios contra el rival, que es enemigo irreconciliable. Funciona como un resorte, un relé que hasta que no cumple su función no se detiene aunque le cortes la corriente, que lo cortés no quita lo valiente. Hay también entre ellos quienes se muestran igual de vehementes al referirse a los partidos políticos, aunque se dé menos. Parece que la mala leche política tarda un poco más en aferrarse o agarrarse, como la leche hirviendo al cazo, con el consiguiente tufo. Los gustos jurgoleros van y vienen según quien gane la liga: hace años tuve alumnos del Dépor, pero la capital del Estado y la de Cataluña suelen ser, de forma maniquea, los ejes sobre los que se sustenta al amor/odio que trasciende lo deportivo, como sus equipos en la liga nacional o la europea.
Ayer tuve cena familiar, con la final de la Champions League de fondo, que para eso somos bilingües, atronando sobre nuestras cabezas en el televisor. Era el día de gloria para los merengues y el de luto para los culés, algunos de los cuales se habrían nacionalizado italianos, a tomar por ahí la independencia durante dos horas, lo importante es lo importante.
El quid de la cuestión, de esta bloguera y ligera cuestión, no se centra en el partido sino en la habilidad del entrenador para gestionar los egos en aras del bien común. Tengo un amigo y compañero -ya lo dijo un locutor de TVE, "les presento a mi compañero y, sin embargo, amigo", vete a saber si consciente del fondo de su frase- que durante años ejerció de "coach" (más bilingüismo innecesario) en el primer equipo de baloncesto de la ciudad. Un día me comentó que el presidente le ofreció cobrar algo de lo que le debían (después de haber cobrado el propio presidente, el que manda, manda) tras unos ingresos que servirían para tapar agujeros. Mi amigo renunció a su estipendio con un argumento que lo define:
-Repártelo entre los jugadores. Ellos son los que corren. Si cobro yo, me dirán que salga yo a encestar, y con razón.
Así se hizo. El respeto que ya se había ganado entre sus baloncestistas por sus conocimientos se vio subrayado por el gesto, si bien me consta que él no hizo mención al hecho, aunque seguramente alguien sí.
Con frecuencia se ejerce el mando señalando los galones, pero el mando de verdad no aparece en la manga, ni en el verbo mandar, sino bajo la gorra, que no recuerdo -de mi breve paso por la mili- si también lleva galones. 
El entrenador del Madrid fue jugador del mismo equipo, y antes lo fue del que ayer se llevó cuatro goles, ninguno ilegal que se sepa. Ahora que en lugar de obedecer dirige lo hace con inteligencia, sin olvidar el sentimiento ni la importancia de quien lleva los pantalones cortos. 
Me viene otra anécdota militar sobre el soldado raso que ascendió por enchufe y le destinaron como "pipa" del teniente coronel. Entró en el despacho, se sirvió un whisky y encendió un puro habano, degustando ambos con los pies sobre la mesa de caoba del "tecol". De repente entró este y, al verlo solazarse, le echó una bronca por sus excesos. El recién ascendido a cabo le miró, aguantando la reprimenda y sin levantarse del asiento respondió:
-Bueno, Peláez. Yo te entiendo, pero... entre mandos no vamos a putearnos.

sábado, 3 de junio de 2017

LA INSOPORTABLE NECEDAD DEL SER

No he leído nada más de Kundera que su novela famosa (reto a quienquiera a que dé algún otro título sin pasar por güikipedia -yo soy más fan de whiskypedia, que me saca lo mejor y lo peor y me recuerda a Jemingüey en lo de "haz hoy sereno lo que anoche dijiste borracho, a ver si tienes huevos", en traducción forzada del bloguero-. Siempre habrá friquis que me dejen en evidencia, pero son los menos, porque andan liados entre el tatuador y el gimnasio).
Acabo de empezar a escribir y ya se me ha olvidado de qué quería escribir. Suele pasar.
... (Elipsis narrativa y dramática).
Ayer, en mi habitual navegación por la prensa no impresa, acerté, más bien fallé, a dar con el vídeo de Tiger Woods, no uno sobre sus docenas de torneos de golf ganados, sino el de su detención a manos de la policía. El antaño ídolo mundial trataba de seguir las instrucciones del cop en servicio, "que si siga usted la línea, un pasito p´alante, María, un pasito p´atrás; que le leo sus derechos y grabo sus reveses; que si me firma un autógrafo p´a la parienta, no saques eso, Mike, para (de parar) la cinta; que si vamos a llevarnos bien; que qué fue de tu drive, que me vengo arriba, que tengo jándicap 15..., ¿echamos unas bolas?". Vamos, lo que viene a ser una detención amable, no como la de Rodney King. 
El caso es que, mientras observaba las imágenes, me dio un vuelco el corazón tal que así, de mala manera y como sin venir a cuento. Y me dio mucha pena del Tiger, ensimismado por causa indefinida pero presumiblemente química en sus múltiples variantes. De hecho, los periodistas, cúspide de la raza de blogueros, tuiteros y "corazoneros", lo que antes se llamaba "cotillas", fueron variando el discurso: primero alcohol, luego drogas duras, blandas y después medicamentos con o sin prescripción facultativa. Ya se sabe: antes deformar que informar.
A mí, que soy muy mío, "como no puede ser de otra manera", me dio por pensar mientras tragaba las incipientes lágrimas. Y me jodió, vaya si me jodió.
-Así que te tomas unos chismes, o te metes una raya, o te sienta mal el ansiolítico, te pilla la pasma y no sólo acabas en chirona, que no es una capital catalana que presume de tener pronunciación oficial ajena a la RAE, sino que te sacan en los telediarios y de paso te tiran unas pedradas, por si sigues respirando.
Ni se me ocurre decir que un delito no merezca condena, mortal o venial. Pero de ahí a lapidar al reo -por ahí he leído dilapidar, que será tirar las piedras a pares, supongo- media un abismo o dos (diabismo, por seguir la línea). 
Por sacar conclusiones, se me ocurre un consejo gratis, como son los consejos, o varios, ya puestos, que he dicho que son gratis:
-Tiger: otro día no salgas de casa si estás colocado, o llama a un taxi.
-Tiger: no vuelvas a ganar un torneo de golf ni exhibir la gloria de Trump, porque cuanto más famoso seas, más dura será la caída, aunque caigas desde el mismo piso que otros que encima no le han metido un gol al arcoiris. 
-Tiger: los famosos no pueden hacer lo mismo que los otros.
-Tiger: si no llegas a ser Tiger, habríamos sabido de ti por las necrológicas.
Lo de necio no va por ti. Sólo eres humano cuando te quitan la gorra y la bolsa de palos. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Y si tira dos, estará dilapidando.


Ya lo dijo una escritora que daba/vendía cursos cuando le pregunté sobre el estilo.
"Preocúpate de la gramática, haz que sea impecable. El estilo es el que es, o el que no es". ¡Qué gran lección de estilo!


sábado, 27 de mayo de 2017

UNDER SKIN (PARA MIS AMIGOS DE SIEMPRE, LOS DE TODA LA VIDA).

Con jodida/jodiente frecuencia las cosas importantes quedan bajo la fina capa de nuestra piel. No se reflejan en los números de la cuenta corriente sino en la libreta de ahorro que llevamos en el bolsillo del cerebro, el corazón o el alma, para quien crea en ella. No viajan en cochazos (ni de segunda mano, cuyo seguro con franquicia nos ahoga); no viven en pisos con terraza, donde tomamos el sol desnudos para que nadie vea nuestras miserias físicas, ni hablar de las otras; no van de vacaciones a exclusivas playas de moda (¿qué es la vida sino un oxímoron?). Duermen con nosotros, profunda y plácidamente, y a veces despiertan, nos despiertan del sueño de la vida impostada, esa que nos empeñamos, obstinamos en vivir, la que exhibimos en las redes sociales -a mayor gloria de las redes sociales, no de la nuestra, tan laxa y autocomplaciente-. 
Juan, demostración de que el hombre viene del mono, aunque el mono, que se sepa, no sufre de alopecia; Juan Ignacio, el amigo para siempre -entiéndase por amigo quien a veces dice y escucha lo que no apetece-; Jose, el que lucha contra varias enfermedades y contra sí mismo -la peor de todas-; Roberto, el paradigma de "a mal tiempo, buena cara", rara avis que antepone el bien ajeno al propio... Hay más ejemplos, machos alfa de especies en vías de extinción. También hay "hembras alfa", que no sé si son beta, se me escapa el lenguaje entre la lengua. Son ejemplos de lo mismo con diferentes matices.
Aún habrá quien sufra porque no puede pagar un hotel con estrella de más, no vaya a salir mal en la foto o se enteren sus "amigos" de que no anda bien de pasta. Estarán hechos de otra pasta.

"I´ve got you under my skin", decía Frank Sinatra. Ahí se llevan las cosas que merecen la pena.

PS.- Tú sigue presumiendo de besar los labios que besas pensando en silencio en los que te apetece besar. 

PS2.- Seguro que lo has entendido.

jueves, 18 de mayo de 2017

LIBROS CON RECADO


No pertenezco a esa raza que lee un libro dos veces, por más que me haya gustado. Hay tanto por leer que me parece una pérdida de tiempo. Andaba esta tarde echando un ojo a mi biblioteca particular, por mirar entre los muchos a los que aún no he hincado el diente, y apareció uno que me recomendó mi amigo ff, al hilo de una charla sobre lo políticamente correcto. Según me comentaba aquel día, un grupo de teatro buscaba un cuento tradicional para adaptar a las tablas. La tormenta de ideas, brainstorming en dialecto moderno y anglófilo, que vienen a ser lo mismo, acabó en bronca: cada uno de los títulos propuestos se encontraba con algunos actores críticos con el mensaje sexista, clasista o ...ista de cada libro. Parece que sacar las cosas de su contexto histórico suele traer estas consecuencias. Uno de los miembros del grupo teatral, James Finn Garner, decidió por su cuenta reescribir algunos cuentos como Caperucita, Los tres cerditos y etcétera. Así nació "Cuentos infantiles políticamente correctos", con el fin de liberar de prejuicios a los niños -razón que se adivina de coña marinera tras leer la contraportada-. En vista del éxito, se animó a publicar otros dos más, que yo sepa.
Mi búsqueda de esta tarde ha dado un fruto inesperado: entre la cubierta y la primera página de este libro había un sobre rojo y dentro de él sesenta euros. Mi cabeza ha comenzado a buscar al autor de la dádiva de entre quienes lo tuvieron prestado, pero casualmente este librito ha salido y regresado varias veces y no soy capaz de recordar en cuántas manos ha caído. Mientras forzaba la memoria se me iba ocurriendo el argumento para escribir algo, un relato breve, como suelen ser los míos, tan sensibles a mi pereza, relacionado con el hallazgo. Sesenta euros no coinciden con ninguna propina, ninguna cuenta pendiente ni otra cantidad señalada en mi mente. Todo lo que puedo hacer es darle las gracias a quien de esa forma tan elegante quiso saldar una supuesta deuda, si era el caso. Que sepa que desde ahora mismo estamos en paz. Ya publicaré en qué he invertido los tres billetes azules, que para eso ideas no me faltan.
Me temo que el argumento para escribir algo empieza y termina en este blog, lo cual no es poco después de un mes sin contar nada.

Pd.- Si alguien demuestra que se le cayó el sobre sin querer y aún lo anda buscando, que me lo comunique. Será un placer devolvérselo... con los billetes dentro, claro.

sábado, 15 de abril de 2017

SEMANA SANTA, BARBERÍA, CUARTETO DE BARBERÍA -¿CÓMO NO?, MÁS MISCELÁNEAS-.


Toño y yo nos conocemos desde que era Toñín -para muchos lo seguirá siendo, porque a sus cincuenta años no va a crecer, ni falta que hace-. Como la vida, aunque parezca en línea recta, va y viene, se encarga de traernos de vuelta a los que dejamos como amigos a medio hacer por mor de los cambios caprichosos del destino. 
Toño es peluquero por gracia familiar, y músico por otra gracia que le adorna más. Heredó de su abuelo un local que ha ido desplazando como si se tratara de un estanco. La que no ha desplazado es su alma de músico. 

Mi abuelo Serafín también fue barbero del pueblo, más por ganarse el sustento o completar sus otras actividades lucrativas -diez bocas que alimentar- que por vocación. Tenía una estancia a la entrada de la casa en la que mis hermanos, primos y yo jugábamos a ser peluqueros de salón, con útiles profesionales que hemos heredado, pero sin dar apenas un tijeretazo, puro mimo. Sus métodos rurales, el cazo o tazón, nos resultaban espantosos, algo que las modas, que también van y vienen, se encargan de poner en entredicho. Hoy se le llamaría "vintage". 

Una tarde de sábado aparecimos en San Cebrián para visitar a mis abuelos. Serafín, después de desbrozar a un pastor con barba de una semana -aquellas barbas agrestes tirando a salvajes- se empeñó en afeitar a mi padre, capitalino de piel finísima y alérgico al "Abrótano macho". No recuerdo si además le cortó el pelo con su método poco ortodoxo de maquinilla y peine, alejado del elegante corte a tijera que se llevaba como paradigma de la elegancia. Lo que mi padre rememoraba con frecuencia era el sonido, chasquido de la navaja, sus lágrimas contenidas, y la posterior rechifla de sus compañeros de trabajo al verlo el lunes con las marcas de la degollina. 

A partir de entonces, cuando mi abuelo insistía en retocarnos, -un pelo mal cortado es y sigue siendo un pelo mal cortado, diga lo que diga la tendencia-, a mis hermanas, mi padre, mi hermano o a mí, Cipri, mamá gallina, intervenía con firmeza pero sin ofensa, una virtud nada política. Serafín, visionario del "sota, caballo y rey" que nunca dejó de estar vigente, aunque hoy no se le reconozca, cabeceaba desencantado pero claudicaba y "a otra cosa, mariposa", como bajar el jamón del "sobrao" -no un tío relisto, sino la postmoderna (me parto) buhardilla- con el clarete casero, "sin química", o acompañarnos a coger huevos recién puestos para que Felisa, mi abuela, los convirtiera en tortilla o fritos, sobre sus preciosos y rurales platos de porcelana con borde azul y la radio Philips con "simplemente María" o "Lucecita". A la caída de la tarde regresábamos a casa con la panza y el espíritu llenos y la cabellera intacta.
Toño, Toñín, viene a ser heredero de su abuelo o del mío y su método clásico va y viene, ora a la moda, ora a lo vintage que sigue siendo más moda. Como nuestra amistad, que pervive. 



Y Alfonso Gato, o sólo Gato, también va y viene, pero merece capítulo aparte, aunque ya esté presente sin saberlo en este, por compañero y amigo de infancia y otras confidencias que quedan por mencionar, censura aparte.

domingo, 2 de abril de 2017

¿PANEUROPEO? SÍ, PERO DENTRO DE UN ORDEN.

Ahora que nos estamos jugando los cuartos en Europa por el "brexit", nada nuevo bajo el sol, unos que quieren entrar y otros salir aun estando dentro, si bien nunca lo estuvieron del todo, protegiendo su moneda "for if the flies", se me vuelve a ir la cabeza -nada nuevo tampoco, menos todavía en domingo, que es el día en que suelo descorchar una botella de buen vino para santificar las comidas familiares-.
Eso de aunar países por interés económico -no hay más- suena bien. Al bueno de Beethoven ya se le había ocurrido la idea romántica hace como dos siglos, y Herbert von Karajan lo recordó cuando alguien le preguntó por un himno para la UE:
-Ya está hecho, amigo mío. Sólo hay que leer.

A mis alumnos les digo que la solución a los problemas del mundo la tienen los niños, o sea, ellos. 
-Hay que leer, pero no sólo un periódico, sino el de ellos y el de nosotros. Y no best-sellers, que son lo que quieren que leamos, sino literatura.
Uno me preguntó esta semana si un niño puede parar las guerras, concretamente lo de Siria.
-Ahora mismo no -salvo foto simbólica con premio- pero sí dentro de unos años, si aún hay mundo que salvar.
Los dejé pensando un rato, y luego vino la charla. Estos chicos tienen madera, como poco, de pacientes.

(En mis tiempos de estudiante no nos contaban esas cosas, preocupados por crear individuos individuales que brillasen con luz propia, a mayor gloria de la orden, la de cada uno y la que venía de arriba. Luego sacaban la foto del ex-alumno que llegó a ministro o director general. Las cosas, creo y espero, han cambiado. ¡Qué cojones, no han cambiado! El marketing manda).

Si me dejasen escoger, que va a ser que no, me uniría a Portugal e Irlanda del Sur, Eire. En Lisboa y Dublín me he sentido como en casa. Los portugueses son como gallegos mezclados con castellanos, extremeños y andaluces -y más gallegos-, una pequeña España pegada al Atlántico. Los irlandeses se me antojan mediterráneos por carácter, afilado por lo británico. Percepciones personales, quizá. En el año olímpico español, el 92, un vigilante de la urbanización donde mis alumnos se alojaban durante el mes de julio me dio una impagable clase de historia -que no pagué porque tampoco la pedí-:
-Eamon de Valera era un hijoputa, -sentenció con mala baba, sabiendo que éramos españoles-.
En mi inglés de entonces le respondí despacio, para asegurarme de que me entendía:
-Era hijo de español e irlandesa, así que tú sabrás, que las conocerás mejor.
De Eamon sabía y sé más bien poco, excepto su encarcelamiento en la prisión de Kilmainham, un presidio muy cinematográfico, siendo el último recluso que por allí pasó. Hasta pude ver su celda en una visita guiada.
De las irlandesas supe que eran la raza, versión XX más bella: Maureen O´Hara, la bailarina de danzas irlandesas con halitosis axilar de cuyo nombre no consigo acordarme y Mistress Something, (San Patricio de 2013) son una muestra válida, pese a la opinión del vigilante "tontolhaba". Julianne Moore tira mi tesis abajo, pero proviene de Escocia, así que me la apunto por proximidad geográfica.
Del vigilante sólo supe que me hablaba lo justo a partir de ese día. Sus clases particulares de historia a los estudiantes españoles se toparon conmigo, sin quererlo -él ni yo-.

Portugal podría reírse de nosotros y del flojo infante aquel, el terror de la doncella insatisfecha. (La doliente Juana se fertilizó con semilla ajena, eso sospechan, y Enrique "el impotente" -vallisoletano, aunque no de pro, ni nada paradigmático- fue devuelto a corrales por manso. La Beltraneja podría arrojar luz a tal efecto, o mejor el  tal Beltrán y Juana de Portugal, que lo supieron "in situ"). Pero, que yo sepa, no sólo no se ríe sino que nos trata con un respeto y una educación que para nos quisiéramos. 

Lo poco que sé de historia no me viene del colegio de los jesuitas, válgame Dios, sino de la curiosidad que mi padre me inculcó y de algunas consultas a wikipedia cuando escribo y me asaltan las dudas, más bien las hordas de dudas. Si aprobé la historia en COU fue porque el cura que la impartía me cogió miedo, tomándome por una especie de macarra sin escrúpulos al que convenía mantener alejado, regalo de aprobado mediante. (Puedo afirmar, porque lo vi, que mi nota original yacía bajo una mancha de Típex, un "muy deficiente" tapado por un "suficiente" de cuando se podía poner un cero a quien merecía un cero, no como ahora, que la "plataforma" escribe 1 donde pones 0, por no herir. Yo lo merecía).

Si algún día nos permiten votar con quién queremos hacer equipo, lo tengo claro: voy con Portugal, aunque venga Cristiano Ronaldo, y con Eire, venga quien venga, menos el vigilante erudito, que habrá emigrado a USA para conocer de primera mano dónde mandan los hijoputas.

Pd.- Para quienes me tachan de tibio, de que no me mojo.


domingo, 26 de marzo de 2017

TARANTINADA DE NADA

Cuando escribo no veo letras -que también-, sino imágenes. Vengo a ser, o así me siento, como un guionista que inventa la película o un crítico que la cuenta a su modo, intercalando el pasado y el futuro. Más o menos como Tarantino, pero en serie C. Nada que ver con Zemeckis, ni falta que hace.
Anoche sucedió de nuevo. Había quedado con Jorge, un maestro de la pública con (nunca contra) el que comparto dardos de poco veneno, más por divertimento que convencimiento. Nos conocimos hace tiempo, unos quince años atrás -no conseguimos ponernos de acuerdo en la fecha, menos aún con dos cubatas encima- tocando con la Parrús Dixie Band, una banda de cuatreros o forajidos, cruce de gansos y patos, que se juntan de bolo en bolo, divierten y se divierten. Caí ahí por casualidad, es mi estilo -casual en inglés- gracias al ubicuo Germán y al no menos ubicuo Toño, el peluquero, que por alguna razón subconsciente se acuerda de mí y me lía -benditos líos, no en vano él me presentó al "Niño de la zanfona", o "Hurdy-gurdy boy" en estos tiempos bilingües-. Lo que iba para cena de cuatro se convirtió en "pulp novel, movie o fiction". Fue un ir y venir placentero.
En la Parrús se juntan gallos de muchas razas consanguíneas y yo no dejo de ser otro pollo -con espolones- de dudoso pedigree y encima temporero, casi siempre "benéfico" (me llaman cuando falta alguien para completar el cupo). 
La última vez que toqué con la Parrús, huelga decir que por el catering -surviving mode-, Jorge comentó que estaba haciendo un libro de música para sus alumnos y pidió colaboración en forma de simple opinión, crítica o corrección. Allá que fui. Me mandó el "pedeefe" y reenvié mi revisión en una hora. Sé que le sorprendí, vaya que lo hice, cosa que quedó demostrada cuando me llegó un guasap.
-Voy a invitar a todos los que os habéis molestado en corregir mi libro.
Conociendo el percal, contesté con una afirmación que era pregunta trampa. 
-Te va a salir por un pico.
-No creas. Sólo has respondido tú.
No sé por qué lo imaginaba. O sí lo sé. Lo del percal.
Quedamos en un restaurante pijillo -no esperaba semejantes gustos de uno de la pública, espeté-.
Como Cuadri es mucho Cuadri llegó una hora tarde, dos vinos en dialecto pucelano, y se disculpó a su modo. A los postres apareció Diego, nuestro idolatrado Dieguito, de quien dicen que es el mejor baterista de la comunidad, cosa que no puedo confirmar por falta de conocimientos. Eso sí: es bueno, muy bueno. Es cojonudo, aunque peor baterista que persona.
-Te ha traído a Diego porque he quedado... 
Y el muy cabrón se piró después de pagar la cuenta, que en eso es serio de verdad, ni una mueca.
Así que me fui de copas con Diego, otro pedazo de amigo. Al despedirnos le invité a comer en casa "la mejor tortilla del mundo", siendo humilde, para la semana siguiente.
Antes de cenar anoche, como hay más tardones habituales, nos dio tiempo a una cerveza. En un salto temporal apareció Nacho, el celta con filtro, que había compartido habitación años ha con Quique, uno de la partida (será Kike por su ascendencia vasca) en unos cursos de la universidad de Comillas. Abrazos y etc.
En el restaurante (hay quienes, no sin razón, me acusan de prisa repentina) hubo otro salto del "hiperespacio". Como salidas (llegadas) del pasado más inesperado e inolvidado aparecieron Lorena, Carmen y Alicia. Tres eran tres. (Te lo juro, Quentin). Dos de ellas, más otra que faltaba, la mía, habían sido las novias de adolescencia de mis amigos del alma -que lo siguen siendo- a los quince. Amor quinceañero: primer beso, poemas, esperas con los libros, bajo el brazo nosotros, contra el pecho ellas. Todo fue precioso hasta el día fatídico en que, presas de un corporativismo feminista, nos dejaron a la vez, cinco meses después. "Amor fugit". 
Como el universo, el tiempo nos expande, no a ellas, que seguían igual de guapas, aunque sin el uniforme azul marino de las carmelitas. No hubo ocasión para tomar una copa hasta dentro de otros muchos años. Ahora somos padres, así que quizá cuando seamos abuelos volvamos a coincidir. Bendita coincidencia será.
El resto de la noche pasó de salto en salto, a base de recuerdos de músicos, de amores frustrados, adelante y atrás. Como Tarantino pero sin guión. Y sin sangre, claro.