viernes, 7 de noviembre de 2014

b vocal

Reconozco, con cierta vergüenza, que no asisto mucho a conciertos, cosa que para un músico resulta un tanto curiosa (algunos me ponen otros calificativos). Por algún motivo que se me escapa, entre muchos, tengo más fobias que filias al respecto, que provocan mi aburrimiento o cabreo al poco rato. El horario suele impedir una cena tranquila, porque te obliga a hacerla a deshoras, ya sea antes o después de las nueve. Por otro lado, hay pocos grupos que me gusten, y la mayoría de los que querría ver ya no existen o simplemente no actúan cerca de mi pueblo. Mi espalda clama clemencia a la media hora, por mor de mi precaria higiene postural, cuando no se trata de la manifiesta incomodidad del asiento. La sonoridad de determinados locales se aleja bastante del mínimo exigible para una correcta audición. Aún recuerdo la "distendida" charla que tuve con un técnico de sonido al que quise hacer ver que cuando un altavoz distorsiona, (o sea, chasca), el público se aleja del escenario y no se entiende la letra de las canciones, es que algo falla en la mesa. Su explicación profesional me resultó incomprensible y opté por acercarme a la barra, que era el punto más alejado de los bafles, y de paso pedirme otro gin-tonic. No me consoló el hecho de que el grupo prescindiera de sus servicios semanas después...
El sábado pasado sucedió algo sorprendente en mi breve curriculum como asistente a espectáculos musicales: me olvidé del asiento plegable de madera, de la cola previa, de la cena aparcada, y me sentí cautivado por el concierto sin excusa alguna.    
B vocal tiene esa grandeza de la música hecha por profesionales. Cinco cantantes llenaron casi dos horas sin descanso, con un espectáculo completo: música, humor, interacción con el público y, sobre todo eso: profesionalidad, que se escribe pronto pero se demuestra raramente.  
El humor, absolutamente blanco, sin recursos facilones ni de mal gusto, adereza sus voces afinadas y la perfecta sincronía, a lo que suman un engranaje sin fisuras, fruto de los muchos años de estudio y ensayos, esa tontería que se olvida a quienes creen que comprarse una guitarra o un micrófono es sinónimo de éxito, (no voy a dar nombres, que esta es una crítica bienintencionada sin mensajes paralelos), o que un pelotazo en radio-fórmula avala necesariamente la calidad. 
Para que todo fuera redondo escribí a su web, los felicité y, oh, fortuna, (como empieza su espectáculo), me contestaron al día siguiente, y de regalo me enviaron el cd que me faltaba para completar la colección con la "condición" de que se lo abone cuando vuelva a verlos, cosa que haré encantado. Y de paso, esta ha sido mi condición, me los llevaré de vinos, o pinchos, o copas, o las tres cosas, que para eso somos colegas desde esta semana. 
No tardéis en volver. Aquí os espero.


viernes, 3 de octubre de 2014

CIRCUNLOQUIOS

Como decía Paco Gandía, no el padre de mi queridísimo amigo Nacho, sino un humorista andaluz de los ochenta, que comenzaba sus actuaciones diciendo: "yo sólo cuanto casos verídicos".

Siete y diez de la tarde de hoy. Llaman a la puerta. Echo un vistazo por la mirilla (no telescópica). Veo a un chaval con chaleco de ONG. Mi vista no da para más. Abro.

-Buenas tardes, caballero.
-Buenas tardes, joven.
-No sé si nos conoce (dando por sentado que he leído el logo que le presenta).
-Por supuesto.
-Estamos haciendo una encuesta a personas mayores de treinta años.
-Tengo veintitrés.
- En ese caso no puedo seguir la entrevista.
Me mira. Me remira. Vuelve a mirarme.
-Feliz tarde.
-Feliz tarde, -respondo-.

Y aún dicen que el alcohol no conserva.

Pd.- Tengo cuarenta y nueve.

domingo, 14 de septiembre de 2014

PEQUEÑA GRAN MUJER

Acabo de escoger el tamaño mayor de letra como homenaje a la persona que, aun cuando hace años que me fui a volar por mi cuenta, sigue vigilando mis aleteos, tantas veces erráticos y demasiado obedientes a los golpes de viento que me descolocan en más ocasiones de las deseables para alcanzar la madurez, que nada tiene que ver con la edad.
Llegar a los ochenta es algo estadísticamente probable. Hacerlo con la mente y el cuerpo en perfecto estado es un premio que, sin duda, mi madre merece. Siempre he admirado a quienes, por encima de muchas virtudes, echan el velo de la humildad, que es virtud de los más grandes. Pero por suerte es este un velo traslúcido y mágico que aporta brillo a lo que trata de esconder. 
Los años y las necesidades de la posguerra la apartaron de la escuela oficial, echándola en la de la vida para asumir responsabilidades que hoy estarían vetadas por los derechos de la infancia, pero su entrenamiento prematuro la convirtió en persona sensata, responsable, cabal, juiciosa y cuantos sinónimos se quieran añadir. 

Veo que me está saliendo un texto deslavazado, pero no pretendo presentarlo a concurso.

Me consta, y aún se me saltan las lágrimas que me quedan al recordar el relato emocionado de su primer encuentro con mi padre (no voy a desvelarlo, aunque sé que despertaría envidias en las más románticas), que se casó por amor, ajena a la conveniencia o el interés.  

Era normal que entre cinco hijos uno saliera rarito, y fue a tocarle a este bloguero de pacotilla. Por eso soy bloguero. Por eso soy de pacotilla. 

Le hice pasar vergüenza con mi brazo sucio en el traumatólogo (le dijo que me había caído en un charco, por salvar mi honor, aunque luego me cayó una bronca). Discutió con otro, le sacó los colores con su fino humor meseteño, que se empeñaba en que mis pies eran normales (si vive, le demostraré con cuatro pasos que estaba equivocado). Les provoqué (mi padre también participó, y mis hermanos) un disgusto cuando de la corrida patriótica que era la mili me devolvieron a los corrales por blando de remos. Y me esperó a la puerta de casa, con el mandil extendido, al uso tradicional, el día que traje mi primer sueldo en billetes usados y sin marcar. Luego me fue devolviendo con creces, tanto en efectivo como en especie, mi pequeña contribución pecuniaria.  
Aprendí los rudimentos de la cocina un año (uno de varios) que andaba yo un poco perdido, al tiempo que a cantar y bailar jotas, en un remedo de "Con las manos en la masa", que veíamos juntos muertos de risa, en sesiones de tele plagadas de culebrones (Cristal, Doña Beija...) y muchas tardes caseras. 
Tras las charlas didácticas y un pelín largas de mi padre cuando pintaban bastos, ella ponía el epílogo con su mirada tranquila y unas pocas palabras. 
Y ahí sigue en casa mamá gallina, siempre pendiente de sus polluelos, y de nuestros polluelos, a los que creo que ya no pone bertorella rebozada porque suelen escoger el menú, dentro de un orden y sin lujos, para no hacer distingos cuando se invitan a comer con la abuela. 

Así que no juego porque desde pequeño supe que ya me había tocado la lotería. Gracias, mamá. Y felicidades, por tu cumpleaños y por las felicidades que nos has regalado, a quien  unió su apellido al tuyo  y al fruto quíntuple de esa unión.

PD.- Hay quien dice que me parezco a ti. Ya me gustaría.

martes, 9 de septiembre de 2014

NO ESTAMOS LOCOS...

Hace unos días me llamó un viejo conocido, periodista de RNE, para ofrecerme, más que pedirme, una colaboración como pianista en un programa protagonizado por locos. Resulta arriesgado, en estos tiempos (que me niego a calificar), el uso de palabras que llevan la mecha incluida, esa que encrespa, pone en jaque o directamente explota por salirse de la norma al uso, de lo políticamente correcto. Pero para mi sorpresa y alegría aún quedan personas cuerdas que llaman a las cosas por su nombre, que conocen la etimología de los vocablos, y saben distinguir el tono. Y esos cuerdos resultaron ser los locos, que ya son mis locos. Aún aturdido por su presencia, a medida que me los iban presentando, expuse mi duda, mi miedo, ese miedo compartido por la mayoría de la sociedad, y les pregunté si podía usar un repertorio con la palabra maldita, en castellano o inglés, para ambientar el programa. Todos, sin excepción, se mostraron más que satisfechos con mi propuesta, y puede que orgullosos de algún secreto modo por ostentar esa categoría que los diferencia, diagnóstico mediante, de la sociedad a la que pertenecen. Recibí la lección magistral con una humildad impropia en mí, una ducha repentina de realidad, y más aún cuando estuvieron charlando, preparando, discutiendo y definiendo el contenido del programa. Hacía tiempo, mucho tiempo, que no me sentía tan envuelto en ideas geniales, en compañía tan lúcida. Lo que les distingue es la valentía para reconocer su rareza, su estado excepcional, su visión diferente, y ponerse en manos de otras personas excepcionales. 
Ah: no son peligrosos, excepto para el stablishment. 

(Me permito incluir una postdata, por si arroja un poco de luz, y subrayar mi favorita. Ellos no tienen dudas, sólo los cuerdos).

PD.-
loco, ca.
(Quizá del ár. hisp. *láwqa, y este del ár. clás. lawqā'f. de alwaq, estúpidocf. port.louco).
1. adj. Que ha perdido la razón. U. t. c. s.
2. adj. De poco juicio, disparatado e imprudente. U. t. c. s.
3. adj. Dicho de cualquier aparato o dispositivo: Que funciona descontroladamente.La brújula se ha vuelto loca

4. adj. Que excede en mucho a lo ordinario o presumible. U. en sent. positivo.Cosecha loca Suerte loca

5. adj. Dicho de las ramas de los árboles: Viciosas, pujantes.
6. adj. Fís. Dicho de las poleas u otras partes de las máquinas: Que en ocasiones giran libre o inútilmente.
7. m. y f. coloq. Nic. y Ur. Entre jóvenes, u. para dirigirse o llamar a otro.
8. f. Hombre homosexual.
9. f. coloq. eufem. Arg., Cuba y Ur. Mujer informal y ligera en sus relaciones con los hombres.
10. f. coloq. eufem. Arg. y Ur. prostituta.
~ de atar.
1. loc. adj. coloq. Dicho de una persona: Que en sus acciones procede como loca.
~ perenne.
1. loc. adj. Dicho de una persona: Que en ningún tiempo está en su juicio.
2. loc. adj. coloq. Que siempre está de chanza.
a locas.
1. loc. adv. a tontas y a locas.
a lo ~.
1. loc. adv. coloq. Con inconsciencia o sin reflexión.
cada ~ con su tema.
1. expr. coloq. U. para comentar la excesiva insistencia de alguien sobre algo.



jueves, 4 de septiembre de 2014

... en el país de las maravillas

(El hombre es, sobre todo, un ser vivo. Por eso, cuando no encuentro respuestas, busco en la naturaleza, la gran obra de Dios. Por desgracia, lo hago a menudo, tan grande es la fragilidad humana). 

Ayer recibí la noticia, no por esperada menos dolorosa, del tránsito de una amiga a esa que llamamos "mejor vida". Para ser sincero y no caer en el tópico del día de las alabanzas, nuestra amistad era casual, no de íntimos, pero muy valiosa por su ejemplo. No es necesario el trato diario para apreciar a alguien, somos demasiados álguienes en este mundo como para subrayar en nuestra agenda a todos los que merecen la pena. Alicia estaba en ese grupo de personas con ángel, con encanto personal, tocadas por la varita mágica de la discreción y los principios basados en la fe cristiana de cuyas fuentes bebimos en desigual medida. 

Como algunas raras especies de plantas,  tuvo una breve vida en la que aprovechó para florecer, regalar su aroma y dejarnos con un marchitar digno, sereno (y cruel). No hay rosa, paradigma clásico de belleza, que huela largamente, ese es su destino, porque la suma beldad es efímera, aunque el recuerdo de esos pocos seres escogidos permanece en nosotros asociado a momentos excepcionales, cuando la obra de Dios se manifiesta con todo su esplendor y su crudeza injusta a los ojos mortales. 

Le tocó cruzar el espejo, como a la Alicia de Carroll, y no tengo duda de que en este instante se encuentra velando nuestra desasosegada existencia desde el país de las maravillas, obsequiándonos con su inquebrantable sonrisa desde el jubileo ganado con sus botas llenas de barro, satisfecha del camino que brevemente compartimos, aunque nos preguntemos por qué Dios quiso entregarle su premio antes de tiempo: quizá porque al salir de sus manos ya la echaba de menos, como nosotros ahora y decidió recuperarla cuanto antes.


martes, 19 de agosto de 2014

EL VINO QUE TE DEBO


No es tarea sencilla acertar en el momento justo con la palabra, con el hecho adecuado o preciso. Eugenio, mi suegro, se fue hace dos meses, invitado inesperadamente (o quizá tempranamente, porque todos lo esperamos pero sin prisa) por El Que Decide. Y ante ese convite no vale decir que no, así que respiró cuanto pudo el aire terrenal y  marchó a llenarse del celestial sin tiempo para  un último verdejo, de lo cual me culpo. Bien cierto es que no quise tener remordimientos, por si un postrero brindis en la cama del hospital hubiera podido acelerar su marcha en forma de efectos secundarios o contraindicaciones con alguno de los muchos medicamentos que tuvo que tragar por las distintas vías que los galenos inventaron para invadirnos el cuerpo de "boticas". Aunque nunca leí en prospecto alguno incompatibilidad con el vino blanco de la tierra, (él no era demasiado aficionado al vino de misa), preferí no arriesgarme o arriesgarlo, si bien sé que, de haber burlado la vigilancia de enfermeras y celadoras, no habría puesto pegas a echar un trago conmigo, por más que sonara a brindis de despedida. Yo  insistía en que se pusiera bueno para alegrar con su simpatía y bolsillo generoso a los clientes (más amigos que clientes), de su antiguo bar, el Moga-Rosa (ese nombre-homenaje a los apellidos de su estirpe), pero no hubo forma porque ya le habían sacado billete de ida. Entre pocas quejas, a días un poco mulón, y mucha paciencia, no hubo más remedio que acompañarle a tomar asiento en el único tren que, mal que nos pese, siempre sale a su hora. Aún me duele mi falta de decisión, y espero que no me lo tenga en cuenta, pero sabe que cada vez que abro una botella de verdejo me acuerdo de él. 

viernes, 15 de agosto de 2014

abandonARTE

A veces sucede que los mejores deseos se convierten en una nave ingobernable  que escapa del control. La pasión nos descentra y el esfuerzo no es suficiente, pese a las buenas intenciones, para llegar al puerto deseado. Un inesperado cambio de rumbo, un golpe de timón, un oleaje bravo nos llevan irremediablemente al naufragio. Desde la arena observamos los restos de la barca, astillados, y nos culpamos del desastre sin hallar la causa exacta, que suelen ser muchas. 
En términos menos dramáticos, he abandonado el proyecto ...ARTE. Esto no significa que no piense terminar el cuadro, pero lo haré sin prisa. Y se lo entregaré a la persona que ha pujado en cuanto esté listo.