sábado, 3 de junio de 2017

LA INSOPORTABLE NECEDAD DEL SER

No he leído nada más de Kundera que su novela famosa (reto a quienquiera a que dé algún otro título sin pasar por güikipedia -yo soy más fan de whiskypedia, que me saca lo mejor y lo peor y me recuerda a Jemingüey en lo de "haz hoy sereno lo que anoche dijiste borracho, a ver si tienes huevos", en traducción forzada del bloguero-. Siempre habrá friquis que me dejen en evidencia, pero son los menos, porque andan liados entre el tatuador y el gimnasio).
Acabo de empezar a escribir y ya se me ha olvidado de qué quería escribir. Suele pasar.
... (Elipsis narrativa y dramática).
Ayer, en mi habitual navegación por la prensa no impresa, acerté, más bien fallé, a dar con el vídeo de Tiger Woods, no uno sobre sus docenas de torneos de golf ganados, sino el de su detención a manos de la policía. El antaño ídolo mundial trataba de seguir las instrucciones del cop en servicio, "que si siga usted la línea, un pasito p´alante, María, un pasito p´atrás; que le leo sus derechos y grabo sus reveses; que si me firma un autógrafo p´a la parienta, no saques eso, Mike, para (de parar) la cinta; que si vamos a llevarnos bien; que qué fue de tu drive, que me vengo arriba, que tengo jándicap 15..., ¿echamos unas bolas?". Vamos, lo que viene a ser una detención amable, no como la de Rodney King. 
El caso es que, mientras observaba las imágenes, me dio un vuelco el corazón tal que así, de mala manera y como sin venir a cuento. Y me dio mucha pena del Tiger, ensimismado por causa indefinida pero presumiblemente química en sus múltiples variantes. De hecho, los periodistas, cúspide de la raza de blogueros, tuiteros y "corazoneros", lo que antes se llamaba "cotillas", fueron variando el discurso: primero alcohol, luego drogas duras, blandas y después medicamentos con o sin prescripción facultativa. Ya se sabe: antes deformar que informar.
A mí, que soy muy mío, "como no puede ser de otra manera", me dio por pensar mientras tragaba las incipientes lágrimas. Y me jodió, vaya si me jodió.
-Así que te tomas unos chismes, o te metes una raya, o te sienta mal el ansiolítico, te pilla la pasma y no sólo acabas en chirona, que no es una capital catalana que presume de tener pronunciación oficial ajena a la RAE, sino que te sacan en los telediarios y de paso te tiran unas pedradas, por si sigues respirando.
Ni se me ocurre decir que un delito no merezca condena, mortal o venial. Pero de ahí a lapidar al reo -por ahí he leído dilapidar, que será tirar las piedras a pares, supongo- media un abismo o dos (diabismo, por seguir la línea). 
Por sacar conclusiones, se me ocurre un consejo gratis, como son los consejos, o varios, ya puestos, que he dicho que son gratis:
-Tiger: otro día no salgas de casa si estás colocado, o llama a un taxi.
-Tiger: no vuelvas a ganar un torneo de golf ni exhibir la gloria de Trump, porque cuanto más famoso seas, más dura será la caída, aunque caigas desde el mismo piso que otros que encima no le han metido un gol al arcoiris. 
-Tiger: los famosos no pueden hacer lo mismo que los otros.
-Tiger: si no llegas a ser Tiger, habríamos sabido de ti por las necrológicas.
Lo de necio no va por ti. Sólo eres humano cuando te quitan la gorra y la bolsa de palos. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Y si tira dos, estará dilapidando.


Ya lo dijo una escritora que daba/vendía cursos cuando le pregunté sobre el estilo.
"Preocúpate de la gramática, haz que sea impecable. El estilo es el que es, o el que no es". ¡Qué gran lección de estilo!


sábado, 27 de mayo de 2017

UNDER SKIN (PARA MIS AMIGOS DE SIEMPRE, LOS DE TODA LA VIDA).

Con jodida/jodiente frecuencia las cosas importantes quedan bajo la fina capa de nuestra piel. No se reflejan en los números de la cuenta corriente sino en la libreta de ahorro que llevamos en el bolsillo del cerebro, el corazón o el alma, para quien crea en ella. No viajan en cochazos (ni de segunda mano, cuyo seguro con franquicia nos ahoga); no viven en pisos con terraza, donde tomamos el sol desnudos para que nadie vea nuestras miserias físicas, ni hablar de las otras; no van de vacaciones a exclusivas playas de moda (¿qué es la vida sino un oxímoron?). Duermen con nosotros, profunda y plácidamente, y a veces despiertan, nos despiertan del sueño de la vida impostada, esa que nos empeñamos, obstinamos en vivir, la que exhibimos en las redes sociales -a mayor gloria de las redes sociales, no de la nuestra, tan laxa y autocomplaciente-. 
Juan, demostración de que el hombre viene del mono, aunque el mono, que se sepa, no sufre de alopecia; Juan Ignacio, el amigo para siempre -entiéndase por amigo quien a veces dice y escucha lo que no apetece-; Jose, el que lucha contra varias enfermedades y contra sí mismo -la peor de todas-; Roberto, el paradigma de "a mal tiempo, buena cara", rara avis que antepone el bien ajeno al propio... Hay más ejemplos, machos alfa de especies en vías de extinción. También hay "hembras alfa", que no sé si son beta, se me escapa el lenguaje entre la lengua. Son ejemplos de lo mismo con diferentes matices.
Aún habrá quien sufra porque no puede pagar un hotel con estrella de más, no vaya a salir mal en la foto o se enteren sus "amigos" de que no anda bien de pasta. Estarán hechos de otra pasta.

"I´ve got you under my skin", decía Frank Sinatra. Ahí se llevan las cosas que merecen la pena.

PS.- Tú sigue presumiendo de besar los labios que besas pensando en silencio en los que te apetece besar. 

PS2.- Seguro que lo has entendido.

jueves, 18 de mayo de 2017

LIBROS CON RECADO


No pertenezco a esa raza que lee un libro dos veces, por más que me haya gustado. Hay tanto por leer que me parece una pérdida de tiempo. Andaba esta tarde echando un ojo a mi biblioteca particular, por mirar entre los muchos a los que aún no he hincado el diente, y apareció uno que me recomendó mi amigo ff, al hilo de una charla sobre lo políticamente correcto. Según me comentaba aquel día, un grupo de teatro buscaba un cuento tradicional para adaptar a las tablas. La tormenta de ideas, brainstorming en dialecto moderno y anglófilo, que vienen a ser lo mismo, acabó en bronca: cada uno de los títulos propuestos se encontraba con algunos actores críticos con el mensaje sexista, clasista o ...ista de cada libro. Parece que sacar las cosas de su contexto histórico suele traer estas consecuencias. Uno de los miembros del grupo teatral, James Finn Garner, decidió por su cuenta reescribir algunos cuentos como Caperucita, Los tres cerditos y etcétera. Así nació "Cuentos infantiles políticamente correctos", con el fin de liberar de prejuicios a los niños -razón que se adivina de coña marinera tras leer la contraportada-. En vista del éxito, se animó a publicar otros dos más, que yo sepa.
Mi búsqueda de esta tarde ha dado un fruto inesperado: entre la cubierta y la primera página de este libro había un sobre rojo y dentro de él sesenta euros. Mi cabeza ha comenzado a buscar al autor de la dádiva de entre quienes lo tuvieron prestado, pero casualmente este librito ha salido y regresado varias veces y no soy capaz de recordar en cuántas manos ha caído. Mientras forzaba la memoria se me iba ocurriendo el argumento para escribir algo, un relato breve, como suelen ser los míos, tan sensibles a mi pereza, relacionado con el hallazgo. Sesenta euros no coinciden con ninguna propina, ninguna cuenta pendiente ni otra cantidad señalada en mi mente. Todo lo que puedo hacer es darle las gracias a quien de esa forma tan elegante quiso saldar una supuesta deuda, si era el caso. Que sepa que desde ahora mismo estamos en paz. Ya publicaré en qué he invertido los tres billetes azules, que para eso ideas no me faltan.
Me temo que el argumento para escribir algo empieza y termina en este blog, lo cual no es poco después de un mes sin contar nada.

Pd.- Si alguien demuestra que se le cayó el sobre sin querer y aún lo anda buscando, que me lo comunique. Será un placer devolvérselo... con los billetes dentro, claro.

sábado, 15 de abril de 2017

SEMANA SANTA, BARBERÍA, CUARTETO DE BARBERÍA -¿CÓMO NO?, MÁS MISCELÁNEAS-.


Toño y yo nos conocemos desde que era Toñín -para muchos lo seguirá siendo, porque a sus cincuenta años no va a crecer, ni falta que hace-. Como la vida, aunque parezca en línea recta, va y viene, se encarga de traernos de vuelta a los que dejamos como amigos a medio hacer por mor de los cambios caprichosos del destino. 
Toño es peluquero por gracia familiar, y músico por otra gracia que le adorna más. Heredó de su abuelo un local que ha ido desplazando como si se tratara de un estanco. La que no ha desplazado es su alma de músico. 

Mi abuelo Serafín también fue barbero del pueblo, más por ganarse el sustento o completar sus otras actividades lucrativas -diez bocas que alimentar- que por vocación. Tenía una estancia a la entrada de la casa en la que mis hermanos, primos y yo jugábamos a ser peluqueros de salón, con útiles profesionales que hemos heredado, pero sin dar apenas un tijeretazo, puro mimo. Sus métodos rurales, el cazo o tazón, nos resultaban espantosos, algo que las modas, que también van y vienen, se encargan de poner en entredicho. Hoy se le llamaría "vintage". 

Una tarde de sábado aparecimos en San Cebrián para visitar a mis abuelos. Serafín, después de desbrozar a un pastor con barba de una semana -aquellas barbas agrestes tirando a salvajes- se empeñó en afeitar a mi padre, capitalino de piel finísima y alérgico al "Abrótano macho". No recuerdo si además le cortó el pelo con su método poco ortodoxo de maquinilla y peine, alejado del elegante corte a tijera que se llevaba como paradigma de la elegancia. Lo que mi padre rememoraba con frecuencia era el sonido, chasquido de la navaja, sus lágrimas contenidas, y la posterior rechifla de sus compañeros de trabajo al verlo el lunes con las marcas de la degollina. 

A partir de entonces, cuando mi abuelo insistía en retocarnos, -un pelo mal cortado es y sigue siendo un pelo mal cortado, diga lo que diga la tendencia-, a mis hermanas, mi padre, mi hermano o a mí, Cipri, mamá gallina, intervenía con firmeza pero sin ofensa, una virtud nada política. Serafín, visionario del "sota, caballo y rey" que nunca dejó de estar vigente, aunque hoy no se le reconozca, cabeceaba desencantado pero claudicaba y "a otra cosa, mariposa", como bajar el jamón del "sobrao" -no un tío relisto, sino la postmoderna (me parto) buhardilla- con el clarete casero, "sin química", o acompañarnos a coger huevos recién puestos para que Felisa, mi abuela, los convirtiera en tortilla o fritos, sobre sus preciosos y rurales platos de porcelana con borde azul y la radio Philips con "simplemente María" o "Lucecita". A la caída de la tarde regresábamos a casa con la panza y el espíritu llenos y la cabellera intacta.
Toño, Toñín, viene a ser heredero de su abuelo o del mío y su método clásico va y viene, ora a la moda, ora a lo vintage que sigue siendo más moda. Como nuestra amistad, que pervive. 



Y Alfonso Gato, o sólo Gato, también va y viene, pero merece capítulo aparte, aunque ya esté presente sin saberlo en este, por compañero y amigo de infancia y otras confidencias que quedan por mencionar, censura aparte.

domingo, 2 de abril de 2017

¿PANEUROPEO? SÍ, PERO DENTRO DE UN ORDEN.

Ahora que nos estamos jugando los cuartos en Europa por el "brexit", nada nuevo bajo el sol, unos que quieren entrar y otros salir aun estando dentro, si bien nunca lo estuvieron del todo, protegiendo su moneda "for if the flies", se me vuelve a ir la cabeza -nada nuevo tampoco, menos todavía en domingo, que es el día en que suelo descorchar una botella de buen vino para santificar las comidas familiares-.
Eso de aunar países por interés económico -no hay más- suena bien. Al bueno de Beethoven ya se le había ocurrido la idea romántica hace como dos siglos, y Herbert von Karajan lo recordó cuando alguien le preguntó por un himno para la UE:
-Ya está hecho, amigo mío. Sólo hay que leer.

A mis alumnos les digo que la solución a los problemas del mundo la tienen los niños, o sea, ellos. 
-Hay que leer, pero no sólo un periódico, sino el de ellos y el de nosotros. Y no best-sellers, que son lo que quieren que leamos, sino literatura.
Uno me preguntó esta semana si un niño puede parar las guerras, concretamente lo de Siria.
-Ahora mismo no -salvo foto simbólica con premio- pero sí dentro de unos años, si aún hay mundo que salvar.
Los dejé pensando un rato, y luego vino la charla. Estos chicos tienen madera, como poco, de pacientes.

(En mis tiempos de estudiante no nos contaban esas cosas, preocupados por crear individuos individuales que brillasen con luz propia, a mayor gloria de la orden, la de cada uno y la que venía de arriba. Luego sacaban la foto del ex-alumno que llegó a ministro o director general. Las cosas, creo y espero, han cambiado. ¡Qué cojones, no han cambiado! El marketing manda).

Si me dejasen escoger, que va a ser que no, me uniría a Portugal e Irlanda del Sur, Eire. En Lisboa y Dublín me he sentido como en casa. Los portugueses son como gallegos mezclados con castellanos, extremeños y andaluces -y más gallegos-, una pequeña España pegada al Atlántico. Los irlandeses se me antojan mediterráneos por carácter, afilado por lo británico. Percepciones personales, quizá. En el año olímpico español, el 92, un vigilante de la urbanización donde mis alumnos se alojaban durante el mes de julio me dio una impagable clase de historia -que no pagué porque tampoco la pedí-:
-Eamon de Valera era un hijoputa, -sentenció con mala baba, sabiendo que éramos españoles-.
En mi inglés de entonces le respondí despacio, para asegurarme de que me entendía:
-Era hijo de español e irlandesa, así que tú sabrás, que las conocerás mejor.
De Eamon sabía y sé más bien poco, excepto su encarcelamiento en la prisión de Kilmainham, un presidio muy cinematográfico, siendo el último recluso que por allí pasó. Hasta pude ver su celda en una visita guiada.
De las irlandesas supe que eran la raza, versión XX más bella: Maureen O´Hara, la bailarina de danzas irlandesas con halitosis axilar de cuyo nombre no consigo acordarme y Mistress Something, (San Patricio de 2013) son una muestra válida, pese a la opinión del vigilante "tontolhaba". Julianne Moore tira mi tesis abajo, pero proviene de Escocia, así que me la apunto por proximidad geográfica.
Del vigilante sólo supe que me hablaba lo justo a partir de ese día. Sus clases particulares de historia a los estudiantes españoles se toparon conmigo, sin quererlo -él ni yo-.

Portugal podría reírse de nosotros y del flojo infante aquel, el terror de la doncella insatisfecha. (La doliente Juana se fertilizó con semilla ajena, eso sospechan, y Enrique "el impotente" -vallisoletano, aunque no de pro, ni nada paradigmático- fue devuelto a corrales por manso. La Beltraneja podría arrojar luz a tal efecto, o mejor el  tal Beltrán y Juana de Portugal, que lo supieron "in situ"). Pero, que yo sepa, no sólo no se ríe sino que nos trata con un respeto y una educación que para nos quisiéramos. 

Lo poco que sé de historia no me viene del colegio de los jesuitas, válgame Dios, sino de la curiosidad que mi padre me inculcó y de algunas consultas a wikipedia cuando escribo y me asaltan las dudas, más bien las hordas de dudas. Si aprobé la historia en COU fue porque el cura que la impartía me cogió miedo, tomándome por una especie de macarra sin escrúpulos al que convenía mantener alejado, regalo de aprobado mediante. (Puedo afirmar, porque lo vi, que mi nota original yacía bajo una mancha de Típex, un "muy deficiente" tapado por un "suficiente" de cuando se podía poner un cero a quien merecía un cero, no como ahora, que la "plataforma" escribe 1 donde pones 0, por no herir. Yo lo merecía).

Si algún día nos permiten votar con quién queremos hacer equipo, lo tengo claro: voy con Portugal, aunque venga Cristiano Ronaldo, y con Eire, venga quien venga, menos el vigilante erudito, que habrá emigrado a USA para conocer de primera mano dónde mandan los hijoputas.

Pd.- Para quienes me tachan de tibio, de que no me mojo.


domingo, 26 de marzo de 2017

TARANTINADA DE NADA

Cuando escribo no veo letras -que también-, sino imágenes. Vengo a ser, o así me siento, como un guionista que inventa la película o un crítico que la cuenta a su modo, intercalando el pasado y el futuro. Más o menos como Tarantino, pero en serie C. Nada que ver con Zemeckis, ni falta que hace.
Anoche sucedió de nuevo. Había quedado con Jorge, un maestro de la pública con (nunca contra) el que comparto dardos de poco veneno, más por divertimento que convencimiento. Nos conocimos hace tiempo, unos quince años atrás -no conseguimos ponernos de acuerdo en la fecha, menos aún con dos cubatas encima- tocando con la Parrús Dixie Band, una banda de cuatreros o forajidos, cruce de gansos y patos, que se juntan de bolo en bolo, divierten y se divierten. Caí ahí por casualidad, es mi estilo -casual en inglés- gracias al ubicuo Germán y al no menos ubicuo Toño, el peluquero, que por alguna razón subconsciente se acuerda de mí y me lía -benditos líos, no en vano él me presentó al "Niño de la zanfona", o "Hurdy-gurdy boy" en estos tiempos bilingües-. Lo que iba para cena de cuatro se convirtió en "pulp novel, movie o fiction". Fue un ir y venir placentero.
En la Parrús se juntan gallos de muchas razas consanguíneas y yo no dejo de ser otro pollo -con espolones- de dudoso pedigree y encima temporero, casi siempre "benéfico" (me llaman cuando falta alguien para completar el cupo). 
La última vez que toqué con la Parrús, huelga decir que por el catering -surviving mode-, Jorge comentó que estaba haciendo un libro de música para sus alumnos y pidió colaboración en forma de simple opinión, crítica o corrección. Allá que fui. Me mandó el "pedeefe" y reenvié mi revisión en una hora. Sé que le sorprendí, vaya que lo hice, cosa que quedó demostrada cuando me llegó un guasap.
-Voy a invitar a todos los que os habéis molestado en corregir mi libro.
Conociendo el percal, contesté con una afirmación que era pregunta trampa. 
-Te va a salir por un pico.
-No creas. Sólo has respondido tú.
No sé por qué lo imaginaba. O sí lo sé. Lo del percal.
Quedamos en un restaurante pijillo -no esperaba semejantes gustos de uno de la pública, espeté-.
Como Cuadri es mucho Cuadri llegó una hora tarde, dos vinos en dialecto pucelano, y se disculpó a su modo. A los postres apareció Diego, nuestro idolatrado Dieguito, de quien dicen que es el mejor baterista de la comunidad, cosa que no puedo confirmar por falta de conocimientos. Eso sí: es bueno, muy bueno. Es cojonudo, aunque peor baterista que persona.
-Te ha traído a Diego porque he quedado... 
Y el muy cabrón se piró después de pagar la cuenta, que en eso es serio de verdad, ni una mueca.
Así que me fui de copas con Diego, otro pedazo de amigo. Al despedirnos le invité a comer en casa "la mejor tortilla del mundo", siendo humilde, para la semana siguiente.
Antes de cenar anoche, como hay más tardones habituales, nos dio tiempo a una cerveza. En un salto temporal apareció Nacho, el celta con filtro, que había compartido habitación años ha con Quique, uno de la partida (será Kike por su ascendencia vasca) en unos cursos de la universidad de Comillas. Abrazos y etc.
En el restaurante (hay quienes, no sin razón, me acusan de prisa repentina) hubo otro salto del "hiperespacio". Como salidas (llegadas) del pasado más inesperado e inolvidado aparecieron Lorena, Carmen y Alicia. Tres eran tres. (Te lo juro, Quentin). Dos de ellas, más otra que faltaba, la mía, habían sido las novias de adolescencia de mis amigos del alma -que lo siguen siendo- a los quince. Amor quinceañero: primer beso, poemas, esperas con los libros, bajo el brazo nosotros, contra el pecho ellas. Todo fue precioso hasta el día fatídico en que, presas de un corporativismo feminista, nos dejaron a la vez, cinco meses después. "Amor fugit". 
Como el universo, el tiempo nos expande, no a ellas, que seguían igual de guapas, aunque sin el uniforme azul marino de las carmelitas. No hubo ocasión para tomar una copa hasta dentro de otros muchos años. Ahora somos padres, así que quizá cuando seamos abuelos volvamos a coincidir. Bendita coincidencia será.
El resto de la noche pasó de salto en salto, a base de recuerdos de músicos, de amores frustrados, adelante y atrás. Como Tarantino pero sin guión. Y sin sangre, claro. 

domingo, 19 de marzo de 2017

EL DÍA DEL PADRE Y LA MADRE QUE LO PARIÓ


Ya se sabe que el comercio rige las fiestas antaño santificables y se aprovecha de ellas. Sobran ejemplos. Anoche, a las doce pasadas, me dieron el regalo: un pijama, que me venía bien porque a ciertas edades hay que ser prácticos. Acertaron con la talla, son muchos años manteniendo el peso, no así el contorno, que se reparte caprichosamente vete a saber por qué razones.
Me lo puse, no hay mayor señal de agradecimiento que no usar el vale-regalo, rayano en la grosería, sólo superado por los que dejan la etiqueta con el precio, "porque hay confianza", y aunque picaba un poco por el apresto, o la cantidad de manos que lo habrían tocado antes, me acurruqué bajo el edredón.
He despertado sudando, no porque fuera un pijama de lana pirineo sino por las pesadillas, supongo que casuales: con mi nueva prenda me adentraba en las selvas africanas, huía de las fieras a esa velocidad de los sueños comparable al McLaren de Fernando Alonso hasta que una boa constrictor me apresaba. Lo he contado durante el desayuno y mi hija, muerta de risa, ha venido con la anaconda colgando entre dos dedos:
-Para otra vez, corta antes la etiqueta.