sábado, 24 de julio de 2010

EL ARTE Y EL MORRO

Asistí el viernes a un ¿concierto?, (¿cómo no va a estar el mundo como está?) en una villa libérrima. Bello el escenario, si bien no acababa de ajustarse a la altura del artista, quizá por menos de dos metros para asemejarse al astro príncipe (el rey es él), fue modificado ad limitem y sine tempore (los latinajos no son lo mío, pero ya que estamos entre impostores...). Con la demora que exigen la pompa y el boato "demodés" apareció el vate (de véisvol) a golpear nuestras conciencias y nuestros oídos y lo que nos quedaba por oír, que no escuchar. Una triste zanfona que jamás soñó futuro semejante, orló plañidera el acabóse. Do se afina con do y con do, y a veces tengo dudas.
Oh, artistas y actores del olimpo...¿ a cómo cotiza el montante tabernario?
Estaba la pastora, lará, lará, larito, mifamifamifamifaaaaaaaaaaaaaaaaaa...

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