viernes, 16 de octubre de 2009
martes, 13 de octubre de 2009
IDIOMAS MORIBUNDOS
Leí hace unos días que los leonesistas tratan de recuperar el leonés, llionés en llionés, que es como se llama al leonés en ese idioma (no me atrevo a denominarlo dialecto por lo que pueda caer desde más allá del límite noroccidental de mi provincia). La cosa es que no se pueden perder las señas de identidad, y de paso encontrar otro hecho diferencial que nos una aún más en la lucha por ser diferentes. Bien me parece (tanto da si fuese al contrario) que nos esforcemos por conservar lo conservable, más dudoso encuentro recuperar lo extinto, una vez que se haya demostrado su inutilidad. En cualquier caso, se me ocurre una solución que definitivamente resolverá el asunto-problema que tanto nos acucia: recuperemos el primigenio lenguaje del hombre, que es común a todos, lo cual permitirá de una vez que cada cual se sienta orgulloso de sus raíces, que son las de todos, sin renunciar a su uso por la razón que sea. Por otro lado, considero que volver a la "lengua" general nos resultará tarea sencilla, por cuanto cada vez nos acercamos más a ella, desde nuestro empeño en cortar, omitir, superponer, abreviar todo lo que no sirve para la causa baladí de entenderse, que da igual Valladolid que Bayadolí (Bolí sin tardar), Cádiz que Cai y "que el casco es mío" por "cahcomío", excepción hecha de España, que lejos de abreviarse por lógica fonética a Paña ha pasado a denominarse "el estado de los estados del territorio estatal", "la madre política de las comunidades autónomas" y algunas maravillas léxicas que no cito por pudor.
Resumiendo, que ya toca, he aquí la solución: queridos míos, en aras del progreso, de la recuperación de la historia y de la unidad de los desunidos, recuperemos la lengua de nuestros antepasados muy pasados, incluso caducados: el gruñido.
lunes, 5 de octubre de 2009
DEJANDO DE FUMAR, II
Para ponerme a prueba sin querer, el viernes pasado me llamó mi sobrino el mayor.
-Te debo la cena de lo de empezar a currar. ¿Quedamos hoy?
(Es una tradición familiar que él ha iniciado, consecuencia de otra que institucionalicé yo hace 7 años).
-De acuerdo.
Nos vemos, cenamos juntos y el chupito me trae mis primeros fantasmas. Sentencio el postre con un puro de tamaño boda: Vegafina corona. Dos copas más tarde me entra el segundo arreón de ansiedad y ya de vuelta paso por el único bar que tiene cava y me compro otro igual, que me dura hasta llegar a casa, aunque lo apago en el taxi y lo enciendo después.
Las pastillas mágicas son más bien una caja de sorpresas: hoy me duele la cabeza, mañana tengo náuseas, pasado mareo... antes de acabar el tratamiento espero sentir alucinaciones y algún orgasmo, (que viene a ser lo mismo) aunque no lo he visto en los efectos secundarios.
martes, 29 de septiembre de 2009
DEJAR DE FUMAR, I
Pues no me aguanto las ganas de contarlo, pero lo haré por capítulos, o mejor aún, a modo de diario.
Jueves, 24 de septiembre de 2009, 6.50 a. m.
He pasado mala noche, durmiendo a ratitos. Los nervios de la primera cita siguen cebándose conmigo, ya sea la primera de un noviazgo o con un traumatólogo. En este caso que me procupa en general, y me ocupa el estómago en particular, me veré a las 8.00 con un neumólogo, con el objetivo de abandonar el tabaco, a ser posible en paradero desconocido para no volver a encontrarlo.
Me recibe puntualmente, tan puntualmente como he podido llegar a causa del tráfico que se genera alrededor de los organismos oficiales por la presencia masiva de automóviles idem. Dos minutos de retraso.
Me saluda tuteándome, cosa que no me importa, supongo que los médicos del ánimo querrán ganarse la confianza del paciente/impaciente. Me pregunta si estoy decidido a dejar el feo hábito de fumar, que ensucia los dientes, los pulmones, la lengua, las amígdalas, las cortinas del salón y la tapicería del sofá. Ante tal despliegue de agravantes, respondo como ante el cura en caso de matrimonio (otro hábito poco saludable): "Sí, estoy dispuesto". Implicado hasta los bronquios pues, comienza la terapia:
Pone ante mis narices un bote (como de un kg de pepinillos pero sin pepinillos) lleno de algo parecido a aceite de cárter.
-¿Sabes qué es esto? La cantidad de alquitrán que acumulan tus pulmones fumando veinte cigarrillos al día durante un año.
Pienso que podrían haberme instalado ese bote para guardar la porquería y cambiarlo cada año. En la tripa sería buen sitio, hay espacio de sobra. Pero no lo digo, para que el galeno no me tome a chufla antes de tiempo.
-Cuando dejes de fumar tu vida será perfecta, pero no te apetecerá hacer el amor con mujeres que fuman, así que díselo a tu esposa.
(¿Quién le ha dicho a este que a mí me importe si mi esposa fuma, o que me apetezca hacer el amor con ella?)
-Puedes fumar tabaco negro, fuera de casa, pero no aceptar si te ofrecen, ni pedir. Sólo lo que tú compres. No puedes llevar mechero, así que tendrás que pedir fuego. (¿Ahora mi dirá que pariré hijos con el dolor de mi vientre, ganaré el pan con el sudor de mi frente, y me arrastraré como una serpiente?) El día 5 de octubre vuelves a verme, con esta hojita. En ella escribirás todos los cigarrillos que has fumado, pero cada día, como poco, uno menos. Ciao.
Salgo a la calle después de tomar la pastilla inmuno-depresora-anti-traumática-pre-mortem. Busco una frutería para comprar puerros, que esos no están prohibidos.
lunes, 28 de septiembre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
MÁS FERIAS, DE AYER Y HOY.
De cuando el Real de la feria se instalaba en la Rubia, que pasó de ser un descampado a avenida principal, prolongación del Paseo de Zorrilla, recuerdo las atracciones que siempre se anunciaban como las más emocionantes y modernas. Cuesta creer que los caballitos tuviesen tanta afluencia de público, incluso de cierta edad, cuando hoy no son más que una especie de guardería mientras se hace cola para el Ala Delta, del que sé por mi hija que te sube la "andrina". Subir y bajar dos veces cada cinco segundos a lomos de un alazán era por entonces lo más excitante que se podía hacer en la feria, junto a chocar sin airbag contra un coche eléctrico o vomitar en la noria. La primera vez que vi la montaña rusa, pobre remedo de las que salían en las películas americanas, me pareció sólo apta para deportistas de riesgo. Con el correr de los años, la montaña parecía más monte, y no rusa, como mucho báltica, por no quedarme más acá.
De aquellas atracciones de feria provinciana pasamos a los mega-parques capitalinos, sembrados de Montañas que rozan las nubes; ascensores que parecen romperse y te dejan caer de golpe pero sin golpe final, a Dios gracias; misiles, sacudidores, tirachinas gigantes, y multitud de ingeniosos ingenios de la ingeniería, para poner a prueba el estómago sin tomar Primperán.
"La india en cueros" proclamaba pomposa una voz, invitando a los mayores a lo que resultaba ser un documental sobre la India en lugar de una mujer desnuda, que en los 70 tenía más gancho que Cassius Clay. "Los churros más pequeños del mundo", gritaba mi amigo Nacho, ganándose la enemistad de los churreros, que no entendían su humor. Hoy los churros son más largos, pero salen más caros, por culpa del euro, como casi todo.
Pese a los esfuerzos de los feriantes por conquistarme año tras año, y por no sufrir la vergüenza de trotar a lomos de un Furia jubilado, me he hecho adicto a un clásico que marea tanto o más que los artilugios más sofisticados y quasi asesinos, y que se disfruta a ras de suelo: tres vinos de Cariñena, con su rulo de toda la vida empapado, y a casa con la sensación de que el mundo da vueltas. Nunca dejaré de ser un clásico.
lunes, 7 de septiembre de 2009
FERIAS, FIESTAS Y CASETAS
Ya estamos en ferias. A veces tengo la sensación de que esto es una feria permanente, pero ya me acusarán algunos de raro, así que no voy a ir por ahí (aunque por donde pienso ir no me librará de parecerlo).
Las calles se inundan de casetas de madera, con ofertón irrechazable: bebida y pincho de ferias: 2´50 euros, a saber, Caña o vino en vaso de plástico más tapa típica, como la sepia y la croqueta, que como todo el mundo sabe, son especies autóctonas de la provincia. Colas y más colas, empujones, fritanga, frito y refrito y creciente calor estomacal, gracias al Viña Ardores, cosecha especial respetuosa con el medio ambiente, (óxido de hidrógeno al 50%).
Treinta euros, siete manchas y cuatro pisotones más tarde, me escabullo entre la muchedumbre, llego a mi bar de barrio y pido un botellín de Voll-Damm y algo de picar, para rellenar los huecos.
-¿Le pongo el pincho de ferias? Tengo pulpo, langostinos, calamares, paella y boquerones.
-No, gracias. Mejor algo típico.
-¿Qué es típico?
-Patatas, que esto es tierra de campos.
-¿Quiere vaso para la cerveza?
-No hace falta. Me la voy a echar directamente en la cabeza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)