miércoles, 13 de mayo de 2020

CANTAR PRIMERO, MILAGROS DE SAN PEDRO REGALADO, (NO LE MIRES EL DIENTE), EN HEPTASÍLABOS CANARIOS, OCTOSÍLABOS EN LA PENÍNSULA (Y BALEARES, CEUTA Y MELILLA).

Camina Pedro, (o San Pedro,
según se mire la historia),
—Regalado le proclaman,
que ni barato le nombran—,
por las tierras de Castilla
(quizá fueran de “y León”,
pero eso no viene al cuento),
y resulta
que a la mitad del camino,
morlaco de hocico fino
se le encara.
«Sálvese quien pueda, Dios,
que no habrá forma de huir,
mas acaso improvisando,
desearía, en vez de un Miura,
a los toros de Guisando».

Mas res de piedra no es,
muy al contrario, le embiste,
y el buen Pedro, dando un salto,
se desviste,
y al enfurecido toro,
con ayudados por alto,
manoletinas, verónicas
y toda suerte de lances,
con su capa y el despiste
del cornigacho animal,
logra al fin domesticarlo,
someterlo y domeñarlo.
Mas cuando cree toreado
a aquel bóvido astifino,
un golpe de viento airado
lo desarma
para cornearlo todo
y lanzarlo por lo alto.
Se lamenta, malherido,
el pobre beato Pedro,
tendido y solo en la era,
y proclama:
«Quizá no sea corrida
y se quede en vil capea,
pero ¡menuda cogida!
Si de esta no alcanzo el Cielo
que venga Dios y lo vea».

Rememorando la hazaña
en la Iglesia Vera Cruz,
que no ha legua de su casa,
despistado, por el atrio,
se acuerda de la testuz.
Pierde el pie, mas no su manto,
y estando cerca del suelo,
pues reza, y mira por cuánto,
sin dudar, levanta el vuelo
y aterriza allá en lo alto.

¡Quién fuera San Pedro, Pedro,
tan volátil, tan etéreo.
Solo un santo así es capaz
de inventar el puente aéreo!