domingo, 17 de noviembre de 2019

ME DA EN LA NARIZ QUE YA LO HE CONTADO ANTES...

Cada vez que se convocan elecciones me acuerdo de Ensayo sobre la lucidez. Saramago —o Sara Mago, según dicen que dijo una ministra, quien acaso por presumir equivocadamente de bilingüismo seccionó el apellido al fifty-fifty— viene a imaginar lo que sucedería si los ciudadanos tuvieran la ocurrencia, sin pacto previo —ya sería coincidencia—, de no acudir a las urnas el domingo de las votaciones. Hace años que meto mi sobre vacío con la esperanza de que se interprete mi «no-voto» como deseo de que los escaños no tengan ocupante —cosa que suele suceder, aunque por diferente razón (lo que para la legión de trabajadores sin mando en plaza, tanto da si de izquierdas o derechas, suele llamarse absentismo y motivo de sanción para el resto de la ciudadanía, esa que no tiene el privilegio de subir sus propios sueldos, algo en lo que, vaya por Dios o su contrario, todos los diputados se ponen de acuerdo)— y que a la hora de aprobar un presupuesto, una ley o lo que sea que hagan vuestros representantes —no los míos, que no los hallo— cuenten también en blanco, interpretando mi voluntad como yo la concibo.
Algunos dicen que no me mojo; que soy blando, inconsistente; que no ejerzo mi derecho, que se pierde mi voto, que no sé lo que quiero, que así voy mal… Lo de votar a estos estos o esos (nunca aquellos) ya lo he probado sin efectos benéficos hasta la fecha. “A pruebas iguales, resultados iguales”.
He comprado y regalado el libro tantas veces que ya no lo encuentro en mi biblioteca. Ahora mismo voy a buscarlo de nuevo. Será que me salté alguna página y no pillé el concepto.