lunes, 4 de octubre de 2010

LA PARRÚS DIXIE BAND EN CASTRO URDIALES


Castro Urdiales es una villa situada en el límite oriental de Cantabria, pero prácticamente tomada por los Vascones (quizá se escriba Bascones en Basco, o Vasco, Euskara o Euskera) desde hace años. Aparte del matiz que no pretende ser político, sirva esta introducción para ubicar el evento al que me referiré: la parrús dixie band actuó allá, en el selecto club de tenis, y me invitó a tocar con ellos. No haré mención a las razones poderosas que propiciaron mi confirmación (la alternativa llegó hace algo más de ocho años), sino a varios hechos empíricamente demostrables:
1.- el chaleco que llevé el día de mi boda ha encogido desde el segundo botón empezando por arriba (tiene seis).
2.- las teclas de mi piano han mermado, o mis dedos engordado.
3.- la ingesta de bebidas espirituosas me afecta menos al sentido del equilibrio que a la memoria (sigo repasando por orden alfabético los apellidos genuinamente vascos para agradecer su hospitalidad a una pareja de damas, Ana Marta e Itziar, que nos ofrecieron su compañía por los bares de ambiente, pero ni el vademecum de dinastías de euskalherría me ha conseguido liberar de la nebulosa que hace opaca esa parte de mi cerebro).
4.- una hora y media de sueño no es suficiente para recuperarme.
5.- fa mayor es una tonalidad muy familiar.
Ofrezco un enlace para quienes sientan curiosidad: http://www.laparrus.com/
PD.- No aparezco en ningún link vinculado a la banda. En la foto de cabecera tampoco.
Gracias a Toño, Alberto, Cuadri, Paco, Pedro, Quique y Chuchi, así como a Germán, Dieguito, David, Agustín y Jaime, sin cuya ausencia yo no habría estado allí.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

IKÉ+DA


Hace años, una amiga viajó a Barcelona. A su regreso me contó que había estado en IKEA. Mi ignorancia me llevó a pensar que aquello era una especie de galería de arte, un museo o algo parecido. Meses más tarde volvió a IKEA y me trajo una lámpara Berychungen de papel con esqueleto de alambre. Para entonces ya sabía que era una tienda de muebles sueca. Lo curioso es que la idea de vender muebles sin montar fue un éxito. Te los embalan en cajas paralelepípedas y allá te las entiendas con las instrucciones. Lo único que tengo, aparte de la lámpara, cuyo papel se rompió y sustituí por una carpeta de plástico hecha un cilindro a modo de tulipa o pantalla, es una silla de escritorio. Tardé en meter el muelle "churringen" por el agujero "notejoden" más de media hora, intento tras intento. Pasé la tarde admirando mi obra, con calambres en dedos, manos y brazos (todos míos) y recordando algunas palabras que hacía tiempo no pronunciaba, e incluso inventando neologismos como "mecagoentodoloquesemenea", "suecosdemierda" y "atomarporculolasillaloscojones".
Estoy pensando seriamente en crear mi propia empresa de muebles malos, incluso más ecológica de lo que presume ser la casa escandinava. Incluiré varias instrucciones, algunas con pistas falsas, para hacer del montaje una aventura aún mayor, así como piezas innecesarias, tornillería variada y herramientas defectuosas. Quiero que quien monte uno de mis muebles se sienta realmente orgulloso de su obra, o más bien hazaña.

PD.- La silla de la foto no es de IKÉ+DA, sino un diseño de Elías Cueto, un amigo gallego que es arquitecto todo-terreno.

sábado, 11 de septiembre de 2010

TARDE DE FERIAS

El sábado es un día esperado, mítico para algunos que estrenan camisa, y para mí jornada de asueto y pereza. Me despierta cualquier ruido que no sea de reloj, desayuno con calma más que chicha (bueno, desayuno menos que chicha, pero con calma), me aseo como si pretendiese salir a ligar, y como con menos prisa que un ministro (español, claro) por devolver su cartera.
Hoy, sábado de ferias, tocaba comida suegril, coincidente con llegada de cuñado en el exilio marital (esto es un chiste privado que no pienso explicar).
Antes de comer, hay que comprar comida para peces (no es que mi suegra nos alimente con pienso para truchas, es que tenemos una carpa dorada que es roja, cosas de la transgénesis daltónica). La joven nos advierte de que tener mascotas crea adicción, y ella tiene varios perros, peces, hijos y un marido (transcribo literalmente). De regreso al aparcamiento, mientras observo lleno de desconfianza el bote de comida en escamas, nos nubla vista y oído un automóvil naranja (cuando digo naranja es todo naranja menos el conductor, que es oligofrénico, aunque sé que eso no es un color). Sus derrapes y banda sonora (flamenquito guapo) se confunden con el sonido de las casetas de feria y el olor del aceite largamente quemado como bañera de gambas, croquetas (e incluso "cocretas") y torreznos. Mareado por el summum de organolepsia, (qué asco me doy cuando me pongo pedante, a este paso me ganaré un Planeta o Nadal no tardando mucho), me hundo en el sillón de mi coche, que es apenas esqueleto (coche y sillón, de puro viejos), y de paso me clavo la cartera en el espacio internalgar (creo que tengo la visa en parada cardio-respiratoria).
Fernando Alonso consigue la "poulposision" mientras mi suegra y yo cortamos un traje acá y allá, y los comensales van llegando del bar que un día fue y ya no es (propiedad de mis suegros, que hay que contároslo todo). Una cuñada está como mermada, no interviene, no tulle, menos mulle, no digamos ya julle o frulle (por decir...). Su esposo (o ex-poso al paso que vamos), disfruta de la comida y tras un café y unos whiskies nos despedimos casi todos, con profusión de besos en mayor o menos medida.
Paro en el supermercado, donde una dependienta me cede el paso amablemente. Tras un forcejeo verbal reconoce que, si no paso yo primero, la puerta automática no se abre. Interesada, le digo. Práctica, responde.
Pago mi compra, no poseo (confieso avergonzado) tarjeta Día, ni Carrefor, ni Hipercour (o al revés), ni Gadis ni lechis. Pues me pierdo el descuento.
A la salida me detengo, deseoso de adelgazar, ante un cartel en escaparate adyacente: "Club deportivo y cultural Niara, (www.niara.es, pincha y verás), actividades deportivas y culturales (sobresaliente el diseñador del cartel), ayuda al estudio. Me sonrío: sé que empiezas entrenando y acabas de ejercicios espirituales en Torreciudad.
Cojo el bus, tomo asiento al lado de una voluntaria de Cruz Roja que huele a colonia. Suben dos jovencitas con sandalias de tacón, uñas de colores y ropa de... llorar.
- Supongo que estaréis hartas de atender esguinces de tobillo, -le digo a mi compañera de al lado.
-Ni te imaginas.
-Espero que más que comas etílicos.
-Afortunadamente sí. Prefiero poner tenso-plast que limpiar vómitos.
Risitas cómplices.
Casi al llegar a casa, oigo percusiones. Me acerco con la esperanza de que sea una comparsa de tamborileros. Una bandera española con texto "Taurinos asesinos" frente a varios miembros de la policía nacional me da la pista. Entre los manifestantes ruidosos reconozco a un amigo de hace muchos años, con el que compartí mesa y mantel varias veces. Y aparece Elia, que está pero no está, y charlamos un rato entre risas. Nos despedimos, con su promesa de no cenar solomillo (al menos esa noche) y otra mujer con pancarta de toro sangrante, que confiesa que ella es antitaurina pero menos: al esposo sí se le puede maltatar. Le comento que la foto que porta es antigua, y contesta que a los antitaurinos les vigilan mucho en las plazas de toros y así no hay forma de sacar fotos. Le sugiero que se vista de mantilla, o como poco de Tous y haga la foto como si tal cosa. Me da las gracias. De nada. Cada uno en su lugar.
Casi llego al portal, pero veo a Marta y una amiga, funcionarias de limpieza, tomando un café. Entro, las saludo, conversamos un rato largo, pago su café (que en realidad son dos cañas, pero no lo digo por si es motivo de sanción) y subo a casa. Mi portero y su perro suben conmigo, otra charleta y por fin at home.
Y me pongo cómodo, que es mi forma de decir que me visto para estar en casa, enchufo el ordenador, y me da por contar todo esto en mi blog, que además es verdad.

Pd.- Dedicado ( en estricto orden de aparición/in strict order of appearance) a la vendedora del pet-shop de Vallsur, al colega del monovolumen naranja con sub-woofer de 1000 watios, a mi suegra y su lechazo asado, a mi cuñada Bajita, al club Niara, a la dependienta (quizá aquí debería decir dependiente) del Lupa, a la miembra de Cruz Roja, a las dos jóvenes con tacones, a los antitaurinos, (Elia, Santi y una mujer sin identificar), a Fernando (my man in Mondoñedo, que sabrá en qué lugar del relato ubicarse), a Marta y Henar, probas trabajadoras del servicio municipal de limpieza, a mi portero y su perro.
Sólo habría faltado una pelirroja con medias de colores bailando en mi salón, y la tarde habría sido perfecta.

martes, 7 de septiembre de 2010

EL HOSPITAL DE CAMPAÑA PARA GRANJAS DE CAPONES

Como quedó aparcado y prometido a finales de agosto (o sea, cuando dejaba de estar a gusto), prosigo mis relatos seriados sobre la Caponería Fina, que si no dan que hablar, espero que al menos den para leer un poco y culturizarse.
Uno de los males que aún acechan a los seres vivos y al que no se ha encontrado remedio, es el de la pérdida de la propia vida, que interrumpe el devenir diario del bicho viviente y lo convierte en un ser antipático que ni produce (excepto abono y gases), ni da conversación ni nada. Vamos, que se muere. Esta hasta ahora invencible cualidad del ser vivo, la de dejar de serlo, no es ajena a los capones, unos polluelos alocados que cacarean y picotean mientras les dura la existencia. Pues bien, es decir, pues mal: un par de nuestros mimados y sanamente alimentados gallitos han pasado al limbo de las aves, por causas naturales. Lamentamos la pérdida, aprovecharemos lo que se pueda y proseguiremos con la cría del resto, que roza la treintena, no de años sino de ejemplares.
Es este motivo el que nos ha hecho embarcarnos en la construcción de un hospital de campaña para casos urgentes, en el que no pueden faltar unas camillas de pajas en las que reposar, (qué gran amiga de la humanidad, cuánto bien ha hecho la paja y el mismo pajar, loemos a ambos), un equipo de música de 300 watios, una nevera con ginebras de importación, un televisor de plasma de 100 pulgadas y unas viandas. Y para los pollitos, un desfibrilador.

viernes, 27 de agosto de 2010

CAPONES GALLEGOS

Ante la inminente aparición en el mercado, o irrupción para ser más justos, de los capones cuyo nombre aún no se ha fijado, pero a los que familiarmente llamamos "Pojohn Wayne", un capón de leyenda, me atrevo a facilitar un texto introductorio para quienes no conozcan las excelencias de este animal comestible.

Estimados y estimada miembros y miembra:

Tras breve siesta de apenas dos horas para mejor concentrarme, hállome ante el teclado qwerty (es sencillo escribirlo, basta ir en orden de izda a dcha y sale el nombre, es genial) para comunicaros los resultados de mis últimos esfuerzos mentales. Aún desconozco su utilidad, pero seguro que algunos de vosotros, mientras no me sea asignada una secretaria Caponesa, sois de esos que guardáis los correos importantes en alguna carpeta del ordenador. Simplemente os suelto el asunto, y allá películas.

1.- No son pocos los hitos históricos debidos a la intervención, ora deliberada, ora casual, de un hijo de puta. Esta especie prolifera desde el nacimiento de Caín, y no ha dejado de desarrollar sus capacidades maléficas. Entre los muchos que en el mundo han sido, y los que nos quedan, a uno que no dejó filiación se atribuye el advenimiento del capón, subespecie que sin la interacción humana se extinguiría por razones obvias tras la primera generación. Dice la tradición y algunos documentos que allá por la noche de los tiempos (aunque otros prefieren ubicarlo en el amanecer, porque al haber más luz sería más factible el hecho que a continuación se relata), tres ermitaños hambrientos encontraron un pequeño pollo. Tras apresarlo vivo, opinaron sobre el fin que habrían de dar al infortunado animal.
-Comámoslo ahora mismo, que me rugen las tripas.
-Por un bocado así, que será poca cosa, no nos vamos a salvar. Quizá podamos alimentarlo una temporada hasta que engorde, tratando de subsistir como hasta ahora, con las hierbas que nos dona el campo.
El tercero, con gesto, torvo, exclamó:
-Antes de comerlo, ya sea ahora o dentro de unos días... divirtámonos: cortémosle los huevos.
Así fue como gracias a la intervención de un hijo de puta, y al consenso del trío de ermitaños al que pertenecía, surgió el capón.

2.- Los capones Farinelli no sufren traumas. Son castrados por sistema y tecnología digital (como en la antigüedad lo eran los castrati): sus testículos son masajeados entre los dedos hasta quedar inútiles. El monaguillo del obispo de Lugo - Mondoñedo supervisa la operación siguiendo los métodos que llevaron a sus precursores en la curia a esterilizar a los más famosos cantantes castrados de la historia. Por tal motivo, nuestros capones son conocidos en la comarca por la belleza de sus cantos y cacareos en octava sobreaguda.



Próximamente... "El hospital de campaña para granjas de capones".

Recibid un cordial saludo y un apretón de huevos del director comercial y de marketing de Capones Farinelli, o Pojohn Wayne, o como se acaben llamando.

PD.- No es broma, en unas semanas presentaremos el producto en sociedad y en la web. Atent@s tod@s.

jueves, 12 de agosto de 2010

GRECIA MÍTICA Y ANTIQUÍSIMA

Muchos son los relatos sobre dioses y diosecillos de la antigua Grecia, de la clásica, de la Grecia fetén, no de esta de turistas horteras en chanclas y ligones de barrio en la playa, que se creen también descendientes del Olimpo porque chapurrean cuatro palabras del campo semántico "fornicio" y tienen a gala aguantar siete días y siete noches sin pegar ojo (lo que dura el viaje organizado por la mayorista "ovinos y caprinos sin fronteras"). De entre los menos conocidos (de los relatos, no de los veraneantes, aunque ahora que lo pienso, algo tienen que ver), me gusta destacar el referido a Loftis, una deidad provinciana de la que casi nadie se acuerda. La ni siquiera bella Loftis cantaba los fines de semana a la orilla del lago Demiós, y la verdad es que dicen que lo hacía bastante mal, pero las ranas y los peces, que nunca han destacado por su buen oído, se acercaban a escucharla. Ella pensaba, en su infinita idiotez, que los batracios anfibios admiraban sus virtudes canoras, lejos de sospechar que lo que realmente atraía a los animalitos acuáticos era el tamaño de sus senos al hincharse (o quizá sin necesidad de aire) para ejecutar (nunca un verbo hizo mayor justicia) las melodías apenas reconocibles por sus autores. Tan orgullosa se sentía de su técnica vocal que en un alarde (o dos), tanto inflamó sus pulmones que los pechos acabaron por explotar. Los peces y las ranas huyeron del lago, que quedó vacío por el resto de la eternidad. Por suerte para ella, un dios del Olimpo, con mucha mala uva y apetito desordenado y atrasado, se apiadó de su desgracia, la proveyó de nuevos aditamentos pectorales, y de paso la poseyó alegando enajenación mental transitoria provocada por la belleza de sus cantos. Y los dos, tan felices, como tiene que ser.

martes, 3 de agosto de 2010

REFLEXIONES ABURRIDAS


La tarde de agosto da para un par de llamadas telefónicas, la corrección de unas pocas páginas de la novela más larga que he escrito (y no terminado) nunca y la reflexión, entre resignado y cabreado, al comprobar que envío muchos más correos que los que recibo. Cierto es que bastantes son de chorradas, pero la chorrada es una excusa para decir que te tengo presente. Y que cuando acabe el verano, me pensaré si vuelvo a mandarte chorradas, y tampoco correos serios.
No va para nadie: va para todos.

PD.- Estuve en Segovia hace diez días. Una noche de luna llenísima y música rara entre amigos.