lunes, 19 de abril de 2010

NUBE DE NANAS, II

Algunas películas, no siempre buenas, tienen secuela. La presentación del cedé tuvo nuestra particular continuación. Cualquier excusa es bien recibida para reunirse alrededor de una mesa, charlar (o incluso gritar exaltadamente), tal era el estado de euforia. No se trataba de celebrar ventas millonarias ni beneficios idem, sino la culminación de un trabajo que nos ilusionaba y creaba ilusión alrededor.
Trabajar rodeado de amigos, qué gusto. Gracias a todos.

sábado, 10 de abril de 2010

NUBE DE NANAS PARA ASPACE


El martes que viene presentaremos el CD a beneficio de Aspace, asociación en favor de personas con parálisis cerebral. Como todos los proyectos importantes, ha tardado en ver la luz. Y merece la pena. Un precioso diseño del amigo Fernando Fuentes, una de esas personas que piensan en lo que hacen. Otros amigos de Germán Díaz hemos colaborado tocando o componiendo, o ambas cosas. Para mí, que en esto de la música juego en segunda división, ha sido como ser invitado al partido de las estrellas, ese que se juega a beneficio de Unicef. Así que estoy que no me cabe... que no quepo en mí de gozo.

http://www.produccionesefimeras.com/ son los responsables. Quien quiera saber más sobre el disco, sólo tiene que pinchar en esa dirección. Ahí se puede hasta comprarlo. Toda la recaudación irá íntegramente destinada a Aspace.

sábado, 13 de marzo de 2010

DELIBES SE FUE, Y CON ÉL ME VIENEN COSAS A LA CABEZA.

A poco de empezar a leer esta mañana sobre la muerte de Delibes, he llorado. No mucho, apenas unas pocas gotas, pero para mí más que significativas y suficientes, dada mi escasa propensión al llanto. Me suele ocurrir cuando algún hecho me recuerda a mi padre, que hace seis años que dejó de dar señales (no diré de vida, por no parecer morboso). Dos semanas atrás me sorprendí (o no tanto), soltando lastre acuoso-salino a la conclusión de Big Fish, una peli de Tim Burton, en la que el finado pasa a mejor vida convertido en pez. Será, creo yo, que no le lloré lo suficiente (me permito escribir "le" en honor a Delibes, laista y leista consagrado por ser hoy el día que es) y de un tiempo a esta parte le voy rindiendo a D. Fernando la deuda de a poquitos. Mi padre, como D. Miguel, cazaba y pescaba, y leía con fervor "quasi hagiófilo" a quien había conocido en un par de jornadas de caza menor y de quien tomaba frases que hacía suyas en el fondo, sin olvidar nunca honrar al autor. No es casualidad que casi la obra completa de Delibes adorne las estanterías (anaqueles dicen los cultos) del que en mi casa paterna y hoy sólo materna llamábamos "el cuarto pequeño".
Una tarde otoño del 95 me crucé por la calle Mantería con Delibes. Para hacer méritos, se lo dije de inmediato a Ana, una estudiante de piano con la que paseaba aprovechando los últimos soles del año, con el afán cierto de seducirla.
-Mira, ese señor de la gorra es un escritor de aquí. ¿Te suena Miguel Delibes?
Aunque no me respondió a la pregunta, dijo:
-Vaya, vengo a provincias y conozco a alguien famoso. Ya tengo algo que contar cuando vuelva a Madrid mañana.
Sin pretenderlo, o quizá deliberadamente, contestó a varias preguntas al tiempo, porque yo deseaba que Ana se quedase en Valladolid el fin de semana, y de paso me permitiese enseñarle todo sobre Zorrilla, Cervantes, Quevedo, llevarla a cenar a Panero, a comer a la Fragua y a lo que quisiera donde quisiera, pero a mediodía del sábado cogió el autocar para la capital, y todo lo que pude robarle fue un beso en los labios que aún me sabe a pianista huidiza y la visión furtiva de sus preciosas piernas al subir las escaleras del Alsa. Eso sí, de todas sus piernas, de toda su pierna.
PD.- Ana trabaja y vive en una provincia más provincia que la mía, que ya es decir, a menos de 120 km. Gracias a San Facebook lo sé. Tiene el pelo largo y dos hijas. Y ella y yo nos cruzamos con D. Miguel Delibes, que era un señor de una pieza, tieso como un cardo, pero que ayer se secó para mi/nuestro pesar.

jueves, 25 de febrero de 2010

TELE-KITSCH (SOBRE NUEVAS TECNOLOGÍAS Y TRADICIÓN)

Tengo un receptor de 25 pulgadas, de los antiguos con culo gordo y tubo de imagen. A su lado está el sintonizador de TDT, un aparatejo sin ninguna enjundia, que me permitirá alargar la vida de mi viejo SONY (en términos electrónicos, eso significa más de diez años) hasta que diga "hasta aquí hemos emitido" y le dé por equivocarse de colores y hacerme creer que de repente me he vuelto daltónico. Y reflejado en su pantalla oscura andaba yo cavilando sobre las jubilaciones, la propia cada vez más lejana, y la de los aditamentos que la tradición ha ido convirtiendo en amigos inseparables del aparato de la tele en según qué hogares: el toro de plástico, la gitana, la torre Eiffel dorada, la burbuja en la que nieva y el culmen de la elegancia: el pañito de ganchillo, ese pariente pobre del encaje de bolillos, para dedos perezosos o artríticos. Así pienso que habría que incluir en la "guía del buen ciudadano", manual de civismo que reparten los ayuntamientos que recalifican zonas verdes para construir un IKEA, un punto limpio donde deshacerse del sintonizador al tiempo que la bailaora con su torito de embestida perpetua. Y la razón es simple: sobre la mínima superficie del nuevo televisor de plasma, cuarzo líquido o bismuto sólido, que tiende a cero por mor del avance científico-digital-tecnológico-informático, será imposible alojar a nuestros inquilinos, desahuciados de su estancia para siempre jamás. La torre Eiffel sólo se sujetará en equilibrio imposible sobre dos patas, y acabará emulando a los muchos suicidas que usaron la de escala 1:1 de París. Del mismo modo, el morlaco, en sus variantes de astifino, cornigacho, abrochado de cuerna, corniveleto, urraco, huevicolgante o rabisucio, tendrá que mantener la pose frente a la gitana estática y temerosa del abismo. En fin, que nada será lo mismo. Sin embargo, me niego a que el siglo XXI barra de nuestros salones o humildes cuartitos de estar la impagable compañía de aquellos ornamentos. Un amigo me comentó que su padre había reciclado la caja contenedora del nuevo Plasma 50 pulgadas en estantería para objetos kitsch, y que sobre el filo de 25 mm de grosor se erigía una torre de cartón a modo de hornacina, desde donde miuras, victorinos o albaserradas se asoman a la pantalla de cinemascope, con sus gitanazas morenas (algunas con castañuelas) bailando incansables sobre un paño de ganchillo, la nieve cayendo sobre el portal de Belén y la torre Eiffel al fondo. Toda una estampa de la convivencia de los tiempos.
Por mi parte, correré en auxilio de quienes, menos hábiles, no encuentren acomodo a sus adornos antiguos y llenos de recuerdos. He encontrado una tienda "de los chinos" (antes "todo a un euro", y antes de antes "todo a cien... de las antiguas pesetas") con infinidad de bailarinas de ballet clásico, que podrán sin mayor esfuerzo ni riesgo equilibrarse en el borde de mi nueva tele (cuando la compre, que espero tardar); también hay una bella colección de gimnastas olímpicas disponible en kioskos, con reproducciones de las Comanecci, Kim, Khorkina, y alguna Chuchunova, por decir un nombre. Quizá me decida a desmontar una lámpara de Lladró que languidece en el trastero.
Y como culmen arquitectónico, una joya de ingeniería y diseño que le vendrá de perlas: una reproducción en auténtica piedra de mentira del acueducto de Segovia.

sábado, 20 de febrero de 2010

FUEGO EN EL ALMA


Una vez, hace años, me inventé como pintor. Quiero decir que no había pensado jamás en dedicarme a ello, pero paulatinamente se fue instalando en mí la idea y luego la necesidad de ponerla en práctica. La experiencia fue placentera, por cuanto me sorprendí con una determinación y entusiasmo desconocidos y disfruté no solo de la tarea creativa, que en sí es atractiva, sino también de la sensación ególatra de creerme artista durante unos años. Aunque llevo mucho tiempo dedicado a la música, casi siempre lo había hecho en grupos, con lo cual sólo eres una pequeña parte, que depende de lo muy o poco solista que seas. Pero cuando pintas, tus cuadros son tuyos y tu éxito (si lo hay) no lo compartes con nadie. Aquel reto íntimo supuso mucho más que la venta de algunas obras a mis amigos, sino saber un poco del mundo del arte y el mercadeo. Conocer a unas pocas personas en un momento determinado puede significar el éxito o el fracaso, que se te abran las puertas del paraíso o la trampilla del infierno ceda bajo tus pies. Yo, ni lo uno ni lo otro. Hubo quien me prestó su sala o me presentó a quien podía prestarme otra, y conocí el juego de amigos y conocidos y favores prestados con mayor o menos interés. En definitiva, pude codearme con pintores muy buenos y con algunos peores que yo, que también los hay. Lo que más ilusión me hacía era preparar las inauguraciones, porque acudían mis amigos y nos tomábamos unos vinos con patatas fritas de bolsa, y me decían que les explicase mis cuadros, o que les reservase uno, o que menudo morro tengo. Pero me encantaba reunirme con todos ellos y con mi familia, porque a ciertas edades sólo coincides en funerales con la gente que quieres.

Pasada mi fiebre pictórica, ando peleado conmigo porque no acabo de sacar a flote la vertiente de escritor, salvo en este cuaderno o en muchos textos que hibernan en el disco duro de mi ordenador.

Mientras tanto, sigo reinventándome como persona. Quizá eso suceda antes de publicar un libro.

lunes, 8 de febrero de 2010

PILATES

Me invitaron dos de mis hermanas, o más bien me retaron, a hacer pilates. Dicen que lo inventó un señor al que mantuvieron encerrado durante la Gran Guerra. El bueno de Joseph Pilates se esforzó por mantenerse en forma y ayudar después a personas hospitalizadas a hacer lo mismo. Así creó su método de ejercicios anaeróbicos. Y hasta ahí la brevísima historia de su origen.
Los lunes y miércoles voy al gimnasio, y de ocho a nueve someto a mi cuerpo a una terapia de desadormecimiento rodeado de mujeres (el instructor es hombre y creo que siente celos de mí) de edades comprendidas entre los 15 y los taitantos. Yo me siento una más. Es lo que tiene mi lado femenino, que en situaciones así me domina. De lo contrario, no podría hacer algunos ejercicios.

sábado, 23 de enero de 2010

"BLOGUEANDO"

No sé si bloguear es un verbo aceptado, y si lo es, ignoro si en el sentido de leer o escribir blogs. Pues bien, desde mi última contribución a este, (el panhispánico de dudas exime de tildar los pronombres demostrativos), me he dedicado a bucear por el maremágnum de páginas de autores como yo mismo, con el propósito de aprender, lo cual se puede hacer de muchas formas, pero básicamente de dos: imitando conductas y evitando otras. En el mundo de los blogs hay infinidad de personas cultísimas (al menos en apariencia, que no he cenado con ellas hasta hoy), que plantan sentencias en maceta o jardinera; otros que patean a la Real Academia con saña, ya sea por animadversión a los académicos o a la gramática elemental; algunos aprovechan para colgar fotos en las que exhiben su impudicia e incluso presumen de liberalismo porque "se lo montan" con dos parejas al tiempo y una boa constríctor que pasaba por allí; y los más lo usan como elemento de propaganda, al estilo de una página web que no requiere mantenimiento. El caso es que he disfrutado enormemente con una que se dedica a sacudir estopa a los novelistas de hoy en día, especialmente a los que escriben best-sellers traducidos a veinte idiomas, y a los que la unánime crítica patria eleva a los altares de la deidad.
A mí, que soy permeable, me afectó sentirme idiota leyendo lo que los críticos fiables tildan de noveluchas y ni siquiera eso, así que me enfrasqué (soy muy de frascos a ciertas horas) en la lectura reflexiva de obras en cuyos errores de bulto no había reparado, ya sea por la prisa con la que paso los ojos sobre las letras, o por mi inconsistente cultura. Así que me hallo, como Proust, en busca del tiempo perdido, tratando de encontrarme con los novelistas de una pieza. Y por el momento aparcaré mis ansias de escribir una novela de una pieza, hasta que me entere de cómo se hace.