domingo, 20 de diciembre de 2009

LA SEÑÁ CIPRI, LA RÁPIDA

Dice mi madre que nací solo, sin médico de guardia a la vista, lo cual no me choca en absoluto, porque si hay alguien enemigo de lo superfluo (no me extrañaría que a estas horas algún pedante hubiese acuñado el término "hiperfluo"), ese es mi madre (el enemigo, digo). Así que imagino que le parecería que a las siete de la mañana de un uno de marzo presumiblemente ventoso, (y ya se sabe que la tierra solo pertenece al viento, como dicen que dijo un indio, que no era indio por el error de Colón, sino pielroja, o amerindio, minoría étnica acá, mayoría antaño, esto de argumentarlo todo no tiene límite... ah, y polvo somos, o sea tierra, y al polvo volveremos, "pulvis et nullis") no era cosa de ponerse pesada en el parto y me dio a luz a la velocidad de la luz, quod erat demonstrandum. He llegado a pensar en ocasiones depresivas que mi alumbramiento fue un presagio de mi vida, por lo que acabo de confesar, pero en momentos más lúcidos tiendo a mostrarme más justo y equitativo en el reparto de tareas no domésticas. Aunque me bandeé bastante bien solo, y hasta diría que fui un pionero en el arte del manejo propio (léase "me he vuelto loco en la mili" hasta que no pude fingir más), es de justicia (no del ministerio, que estoy hablando en serio) reconocer méritos ajenos. Si mi madre me parió sin protestas ni demora (como ha hecho todo a lo largo de su vida) fue por no dar espectáculo (del latín spectare, mirar, y del castellano, trasero) ni poner más nervioso a quien venía con nervios de serie, o sea, mi padre. He aquí su primer servicio comunitario, por cuanto hoy mismo podría interponer denuncia ante la autoridad por negligencia médica, cosa que no sucedió porque mi adorada progenitora desconocía la ley pero conocía las "mores" y el sentido común. Y más aún, otro servicio de solidaridad: "si soy capaz de parir sola, ¿para qué coño necesito a un médico, con la de madres histéricas que habrá, y las que quedan por venir?". Sea lo que fuere lo que pasó por su cabeza, aquí estoy, vivo y cabeceando.

lunes, 14 de diciembre de 2009

¿A QUIÉN LEEMOS CUANDO LEEMOS A ALGUIEN?

Una costumbre muy arraigada en los columnistas es la de citar con frecuencia frases célebres (a veces poco, francamente) de autores conocidos. Por lo visto y leído, eso da muestra de la vasta cultura que uno posee y de paso ocupa líneas, lo cual en días de poca miga se agradece. Lo que aún no acabo de entender es por qué uno cita constantemente a Valle Inclán, (me viene un columnista a la cabeza...), o a Churchill, Shakespeare o vete a saber quién. Sería mucho más fácil dejar la reseña al principio del texto, y que cada quién eche un vistazo. Porque si yo quiero leer a Galdós, no compro un periódico en el que Fulano de Tal lo menciona, sino que voy a la librería y me pido los Episidios Nacionales o Fortunata y Jacinta. Cuando leo a Fulano es porque quiero saber lo que opina él, no lo que dice que opinaba Faulkner de lo que le han mandado a Fulano que opine. Y como recurso estilístico o literario, eso de hacerse el culto porque uno ha leído a Joyce en inglés de Dublín me parece penosamente pedante. Y más cuando no he podido leer a Joyce ni en las magníficas traducciones de Dámaso Alonso. O quizá precisamente por eso.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

40 EUROS HORA, O FRACCIÓN

Hace semanas, mi lavadora se estropeó, justo cuando centrifugaba mis prendas delicadas: los calzoncillos de Burger King, que yo llamo así a los Calvin Klein de mercadillo. El caso es que el tambor no se dejaba abrir, por lo que tuve que llamar al servicio técnico, preocupado de antemano por la factura que me iban a endilgar y acaso por la vergüenza de exhibir mis ropas íntimas a la vista de un operario a sueldo. Cuatro días y dos horas más tarde de lo anunciado, apareció en mi casa un ser, al que podríamos calificar de homínido, que tras presentarse con un "nastardes, del servicio trénico", mancilló mi cocina con las huellas de sus botas de goma UNE/ISO 300, homologadas contra descargas eléctricas, mi lavadora con las huellas de sus dedos, así como mis slips, que tuve que lavar de nuevo tras su liberación, que se produjo después de dos minutos de lucha desigual entre el cierre del tambor y uno de mis cuchillos irrompibles VICTORINOX, que resultó desmanganillado, o más exactamente desmangado, por cuanto el mango salió disparado por la ventana del patio de luces justo al tiempo de que el tambor se abriese. Su afán mancillador o mancillante no se detuvo ahí, pues me largó una factura que sin desglosar era hiriente, pero desglosada era aún más insultante:
SALIDA: 35 EUROS
MANO DE OBRA: 40 EUROS POR HORA.
MATERIALES: 0 EUROS.
SUVTOTAL: 75 EUROS.
IBA 16 %: 14 EUROS.
TOTAL: 90 EUROS.
Estudié detenidamente el papel que me dejó sobre la mesa, con su mano derecha extendida en espera del cobro, y la izquierda en el pomo de la puerta, para apremiarme en el pago. Respiré lentamente, uno, dos, tres, inspirar, espirar... como mandan los cánones del autocontrol, le miré a los ojos desplazándome un paso, pues él miraba a un punto infinito, y le dije despacio, muy despacio:
-¿Le apetece tomar algo?
Mi oferta le descolocó, noté que dudaba, pero fue tajante:
-No bebo estando de servicio.
Sin duda aquel era uno de esos hombres de verdad que entienden que tomar algo no puede ser otra cosa que consumir alcohol. Para sacarle de su error, le dije:
-No le he ofrecido cerveza ni coñac, puede usted tomar un refresco, o agua.
-Vale, pues agua.
Mientras buscaba el vaso, le pregunté:
-¿La quiere del grifo, mineral o carbónica?
-Fresca si puede ser.
-¿Fresca del grifo, fresca mineral o fresca carbónica?
Noté que se tensaba, pero le miré de nuevo a los ojos y respondió.
-Mineral.
Abrí el frigorífico, busqué la botella y le serví un vaso generoso. Bebió como si hubiese estado trabajando durante horas en un horno, y dejó el vaso de mala manera en mi fregadero.
-Son 90 euros, -insistió-.
En ese momento, un repentino acaloramiento me invadió la cabeza, así que respiré de nuevo, uno, dos, tres, hasta cuatro, mejor cinco... por si acaso, y le espeté.
-¿Puedo revisar la factura?
-Desde luego, pero está bien.
Miré de nuevo, concepto por concepto, y empecé mi alegato:
-Perdone, ¿dónde tienen ustedes la oficina del servicio "trénico"?
-En el polígono de Argales.
-Así que cobran ustedes el trayecto desde allí, ¿no es eso?
-Si me va usted a decir que 35 euros es más de lo que gasto, le diré que hacemos una media, para que los de los barrios periféricos no paguen más que los del centro.
Sorprendido por aquel afán igualitario, en un ejercicio de socialismo sin precedentes, que suponía que los del centro teníamos que pagar parte del desplazamiento a los que vivían lejos, proseguí con mi estrategia.
-¿Y venía usted de la oficina?
-No señor, venía de aquí al lado. Ya me hago yo la ruta para tardar menos... y atender mejor a los clientes- remató, como en un alarde de inteligencia y profesionalidad.
-Por lo visto, en los últimos cuatro días y dos horas nadie de por aquí ha sufrido averías...
-Pues será que no.
-O sea, que... ¿usted cobra 35 euros de salida de la oficina aunque sólo salga una vez por la mañana y otra por la tarde?
-Mire, los precios los marca el "encargao", yo sólo arreglo y cobro.
-De acuerdo. Pese a todo, la factura está mal. El 16 por ciento de 75 euros no son 14, sino 12. Y la suma de 75 más 14 no son 90, sino 89. Como son dos euros menos, le debo 87.
Se rascó la cabeza, con gesto de dudar de su hasta el momento infalible método de aplicación del IVA, que para él era con B. Garabateó la modificación y volvió a darme el papelito.
-Son 87, por favor. Tengo que irme.
-No se preocupe. Ah, hay otro error: ha puesto usted cero euros de material, pero el cuchillo que ha roto me costó como 20 euros, espero que me los pague. Y por cierto, ¿cómo es que ha estado usted exactamente cinco minutos forcejeando con el tambor de mi lavadora, y me cobra 40 euros?
-No se cobran fracciones, sólo por horas enteras.
-Es decir, que ¿yo he pagado por su trabajo durante 60 minutos?
-Eso es.
-Pues con vaso de agua y discusión, no lleva usted en mi casa ni un cuarto de hora. Así que haga el favor de sentarse, que he pagado por su compañía hasta las siete menos cinco de la tarde.
-Oiga, usted no paga por mi compañía, sólo por mi trabajo.
-Tiene usted razón, así que coja este trapo y límpieme la lavadora de arriba abajo, sin dejar ni una huella. Y luego el suelo, y los calzoncillos que ha manchado de grasa. Puede usar mi lavadora para eso, que ya funciona, supongo. Como no hay gasto de material y el trapo lo pongo yo, estará incluido en los 40 euros de mano de obra.
El hombre se puso entre nervioso y un pelín violento.
-Si no me deja salir ahora mismo, llamaré a la policía y le denunciaré por secuestro.
-Espere, ya los llamo yo. Le voy a denunciar a usted por allanamiento de morada: entró en mi casa sin mostrarme su acreditación.
-Si no se quita de ahí, le sacudo un tortazo de los gordos.
-Será una prueba más de su delito: allanamiento y agresión.
El hombre, que ya era hombrecillo, se quedó mudo, y sólo acertó a decir:
-Ya le mandaremos al cobrador del frac.
Y salió a escape.
Respiré profundísimamente, pensando que me había librado de algo, quizá del bofetón o de una paliza, pero satisfecho por no haberme dejado estafar. Miré la factura, me serví una cerveza y me puse a calcular, por si venía el del frac algún día, como sucedió una semana después. El cobrador se presentó en mi casa con su uniforme, y me extendió su mano con una copia de la factura, y los 87 euros famosos. Busqué entre mis papeles, y le di mi factura, con los cambios pertinentes: había descontado los 20 euros de mi cuchillo, y calculé que veinte minutos de mano de obra serían como 13,33, por lo que redondeé a 14. Incluí muy detalladamente los centilitros de detergente que tuve que usar para lavar de nuevo los calzoncillos, el gasto de agua estimado, el consumo eléctrico, así como deduje de los 35 euros de salida los que realmente habría gastado que no serían más de 2. En total me salían aproximadamente 7 euros a mi favor. Para darle más enjundia, grapé a la factura el resguardo que me habían dado en la oficina de consumo donde presenté la denuncia, y la tarjeta de un amigo mío que es abogado, por si querían contactar con él.
Y hasta la fecha.

viernes, 27 de noviembre de 2009

BLOGUEROS PROFESIONALES, "GUADERNEROS" AFICIONADOS


Cuando veo la fecha de mi última contribución al blog, me entra una sensación de vagancia que sólo puedo combatir escribiendo. En esos momentos me acuerdo de todos los blogueros que en el mundo son, con su obligada columna semanal o quincenal, y entiendo que a veces no digan nada reseñable, en lo que se convierte en manual de estilo (o falta del mismo), o simple ejercicio de redacción. Sin embargo me gustaría sentir la presión de la prisa, (la llamaré "prisión") por comprobar si me serviría como acicate o ahondaría aún más en mi falta de ideas preprogramadas o de las otras. Es decir, que cuento algo cuando tengo algo que contar, cuando me lo pide el cuerpo, el alma o la cabeza. En una de esas frases atribuidas a docenas de artistas, "la inspiración existe, pero te tiene que pillar trabajando", se supone que trabajando en ello, porque a mí me vienen ideas u ocurrencias justo cuando estoy trabajando en otras cosas, y así no hay forma. Suelo llevar un cuaderno, no de bitácora, porque no se diseñan abrigos con bolsos tan grandes, en el que apunto mis deberes diarios, citas citables, célebres o recordables y frases de las que tirar cuando hay carestía, a modo de nevera donde los gérmenes no nocivos se conserven y los malos pierdan fuerza. De ese modo, con la perspectiva de horas o días, uso, desecho o reciclo. Y hoy tocaba reciclar, como se ha visto.

jueves, 19 de noviembre de 2009

A QUIEN LE IMPORTE


De verdad, hace días que leo lo del pálpito y me da coraje no poderlo dar por superado. Y hoy que me veía con ganas, resulta que tengo las pupilas dilatadas y no puedo escribir casi, que veo las teclas medio borrosas. Aunque total, ¿a quién le importa lo que escribo aquí?


Mejor cuelgo una foto. El amor es tan bonito, aunque sea entre escarabajos...
Y venga, que parece que veo un poco mejor, así que voy a explayarme (en todas las acepciones del verbo, que acabo de comprobar que son más de las que pensaba).
La semana pasada empezamos la grabación de un Cd, cuyos beneficios destinaremos a ASPACE, me suena haber hablado antes del proyecto, pero merece que lo mencione de nuevo. Mi zanfonero de cabecera me invitó a participar altruistamente, y me enfrasqué en componer una nana para trío de lunáticos (el propio zanfonero, un oboista y el que suscribe). Por si la oportunidad de hacer algo por los críos y no tan críos afectados por la parálisis ceerebral no fuese estímulo más que suficiente, de regalo compartiré disco con músicos de los buenos, o sea, de los que no venden discos a millares, "ni falta que les importa", como decía un amigo de mi juventud, sino de los que hacen música, que son los menos. Cuando disponga de la lista de participantes la haré pública, así como la foma de adquirir el CD.

domingo, 8 de noviembre de 2009

PÁLPITOS

Noto un sabor raro en las encías. No tiene que ver con nada físico, más bien lo asocio a la inminencia de algo que está a punto de suceder, o que acaso ya ha empezado a brotar inesperadamente. Estas percepciones me son familiares, y heredadas por línea materna. Mi componente femenino ha burlado la genética, y parece que me he hecho con esa habilidad extrasensorial que me permite adelantarme a algunas situaciones antes de que se produzcan, o saber de ellas antes de que me las comuniquen por teléfono. No es que siempre me entere de todo, pero de vez en cuando salta la alarma.

viernes, 30 de octubre de 2009


Llevo varios días sin palabras, mirando la foto de la paloma, como perdida ella, como perdido yo. El tabaco está pasando de mí, ni siquiera me tienta. Mis dolores remiten y me siento como un coche recién pasada la ITV. Sin embargo mi estómago runrunea (el ronroneo es de gatos y mi estómago es más bien perro), porque me conoce desde pequeño y detecta todas mis carencias, querencias y malquerencias. Y lo que me dice no se arregla en el médico del cuerpo (al del alma ya fui). Una vez reparado el chasis y repintada la carrocería, es hora del retoque fino, el que más miedo me da.